Durante años, muchas personas con fatiga crónica han sido malinterpretadas o incluso ignoradas por el sistema de salud. El cansancio extremo que sienten ha sido atribuido a causas psicológicas o emocionales, sin pruebas biológicas concluyentes.
Pero un nuevo estudio masivo sugiere que la fatiga crónica también se manifiesta en la sangre. Esto representa un giro importante para quienes viven con esta condición y podría cambiar por completo la forma en que se diagnostica.
A partir de un análisis de datos de más de 130 mil personas, investigadores encontraron que ciertos marcadores biológicos en sangre son significativamente diferentes en pacientes con fatiga crónica, incluso al controlar el nivel de actividad física.
¿Qué es la fatiga crónica?
La fatiga crónica, también conocida como encefalomielitis miálgica (ME/CFS), es una enfermedad debilitante caracterizada por un agotamiento extremo que no mejora con el descanso. Un rasgo distintivo es el malestar post-esfuerzo, donde incluso una actividad leve puede empeorar los síntomas durante días.
Afecta a millones de personas en el mundo, con una clara mayor prevalencia en mujeres. No tiene cura ni una prueba diagnóstica definitiva. Por eso, hallar biomarcadores confiables en sangre ha sido una prioridad para pacientes y científicos.
Según el estudio publicado en EMBO Molecular Medicine, una de cada 500 personas evaluadas por el Biobanco del Reino Unido fue identificada con ME/CFS. A pesar de las diferencias individuales, los investigadores lograron detectar señales comunes en la sangre de los pacientes.
Un estudio con base en datos masivos
La investigación se basó en el análisis de datos moleculares y celulares de 1455 personas con fatiga crónica y más de 131 mil controles sanos del UK Biobank. Se estudiaron niveles de proteínas, metabolitos y rasgos hematológicos mediante análisis avanzados.
A diferencia de estudios anteriores con muestras pequeñas, este enfoque permitió observar patrones sólidos y repetibles. Además, los autores utilizaron métodos estadísticos que controlan el nivel de actividad física, descartando que los cambios sanguíneos fueran causados solo por el sedentarismo.
De los 3,237 rasgos biológicos analizados —incluyendo proteínas, metabolitos y parámetros hematológicos—, solo uno mostró una asociación significativa que podría explicarse por la menor actividad física de los pacientes.
Evidencia de inflamación, resistencia a la insulina y daño hepático
Los hallazgos revelan que la fatiga crónica en la sangre se asocia con procesos inflamatorios crónicos. Entre los marcadores elevados se encontraron la proteína C-reactiva (CRP), cistatina C y el aumento de leucocitos y neutrófilos.
Asimismo, los pacientes presentaban señales de resistencia a la insulina, como el aumento en el índice TyG y la relación triglicéridos-colesterol HDL. También se observaron enzimas hepáticas alteradas como ALT, ALP y GGT, que podrían indicar un daño hepático leve o disfunción metabólica.
Estos biomarcadores no solo son consistentes entre hombres y mujeres, sino que también fueron replicados en una cohorte independiente (All of Us), lo que refuerza su validez científica.
Perfil metabólico alterado
El análisis metabolómico mediante resonancia magnética nuclear identificó 189 metabolitos significativamente diferentes entre pacientes y controles. Muchos de ellos están relacionados con el metabolismo lipídico: lipoproteínas, colesterol y triglicéridos.
También se replicaron hallazgos de estudios previos que mostraban una reducción de fosfatidilcolinas y colinas en la sangre de pacientes con ME/CFS. Estos compuestos son esenciales para la función celular, y su disminución podría reflejar alteraciones energéticas o mitocondriales.
Curiosamente, algunos aminoácidos como la alanina estaban elevados solo en mujeres con fatiga crónica. Sin embargo, otros supuestos biomarcadores como el lactato o el piruvato no mostraron diferencias significativas.
Un sistema inmune alterado
El estudio también analizó los niveles de más de 2900 proteínas. Aunque esta parte tuvo menos poder estadístico, se identificaron aumentos significativos en proteínas del sistema inmunitario innato, como varios componentes del complemento (C1RL, C2, CFH, CFI, entre otros).
Además, se elevó la proteína CR2, un receptor del virus de Epstein-Barr. Este virus ha sido previamente asociado con el desarrollo de ME/CFS, lo que podría indicar una relación inmunológica o viral de fondo.
Un hallazgo interesante fue el aumento de SOD3, una enzima antioxidante que podría estar involucrada en la regulación del dolor o el estrés oxidativo. Sin embargo, se necesita más investigación para comprender su papel específico.
La actividad física no es la causa de las alteraciones
Uno de los aspectos más importantes del estudio fue demostrar que la mayoría de los cambios observados no pueden explicarse por la inactividad física. Esto desmiente una de las teorías más antiguas, que atribuía la enfermedad a un “desacondicionamiento” por falta de ejercicio.
Mediante análisis de mediación, los autores evaluaron la duración diaria de caminata como variable intermedia. De los miles de marcadores analizados, solo uno mostró una asociación indirecta significativa. Los demás reflejaban efectos directos de la enfermedad.
Esto refuerza la idea de que la fatiga crónica no es una condición psicológica ni causada por el estilo de vida, sino una enfermedad orgánica con manifestaciones medibles.
Hacia un diagnóstico más preciso
Aunque los investigadores no identificaron un solo marcador capaz de distinguir por sí solo a los pacientes, los resultados apuntan hacia un futuro posible: un panel de biomarcadores sanguíneos para diagnosticar ME/CFS con mayor precisión.
Esto podría transformar la vida de miles de personas que hoy viven sin un diagnóstico claro, enfrentando estigmas y barreras en el acceso a tratamientos y beneficios médicos.
Aún falta camino por recorrer, pero este estudio marca un antes y un después en la comprensión de la fatiga crónica en la sangre. Y deja claro que los pacientes siempre tuvieron razón: no está todo en su mente.
Primeros auxilios psicológicos ante un ataque de pánico o ansiedad.
Conclusión
El estudio aporta la evidencia más sólida hasta ahora de que la fatiga crónica es una enfermedad con bases biológicas detectables en la sangre. Los biomarcadores relacionados con inflamación, metabolismo e inmunidad podrían convertirse en herramientas diagnósticas.
Al demostrar que estos cambios no se deben a la inactividad física, el estudio refuerza la legitimidad del padecimiento y la necesidad urgente de mejorar su diagnóstico y tratamiento. La fatiga crónica no solo está en la mente. También circula por la sangre.
- Beentjes, S. V., et al. (2025). Replicated blood-based biomarkers for myalgic encephalomyelitis not explicable by inactivity. EMBO Molecular Medicine. DOI: 10.1038/s44321-025-00258-8
- Samms, G. L., & Ponting, C. P. (2025). Defining a High-Quality Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome cohort in UK Biobank. NIHR Open Research. DOI: 10.3310/nihropenres.13956.1





Interesante estudio, que rompe con las creencias de esta enfermedad, la cuál se sabía poco, este estudio da esperanzas a los pacientes que ls padecen.
En dónde puedo conseguir el archivo conpleto
Es el estudio más interesante . Tengo (ME/CFS) y fibromialgia desde hace casi 2 décadas después de una mononucleosis por Epstein Barr.
Y hace poco se me diagnosticaron con leucemia la que siempre asocié a esta fatiga extrema y debilitamiento inmunológico que me quedo.
Me interesaría saber más sobre el paper original y posibles estudios/ensayos que hagan.