Vivir más de 100 años ha pasado de ser un caso extraordinario a una realidad cada vez más común. La cifra de centenarios en el mundo no deja de crecer, y con ella, el interés científico por descubrir qué tienen de especial estas personas.
Mucho se ha especulado sobre si es el azar, la genética o los hábitos los que permiten alcanzar el siglo de vida. Pero ahora, gracias a un estudio realizado con miles de personas en Suecia, tenemos una pista clara: la respuesta está en la sangre.
De acuerdo al estudio publicado en la revista GeroScience, los perfiles de biomarcadores sanguíneos medidos desde los 65 años podrían predecir quiénes tienen mayores probabilidades de convertirse en centenarios.
¿Qué revela la sangre de las personas longevas?
El estudio se basó en el seguimiento de más de 44,000 personas mayores durante 35 años, en el marco del proyecto AMORIS en Suecia. De todos ellos, 1224 personas alcanzaron los 100 años. Los investigadores analizaron 12 biomarcadores clave relacionados con la función hepática, renal, el metabolismo, la inflamación y el estado nutricional.
Entre los hallazgos más importantes, se observó que los futuros centenarios tenían, desde los 65 años, niveles más saludables de glucosa, creatinina, ácido úrico, y enzimas hepáticas como ASAT, GGT y fosfatasa alcalina. También mostraban niveles más altos de colesterol total e hierro.
En conjunto, estos valores sanguíneos sugieren un organismo con menor inflamación crónica, mejor función metabólica y nutricional, lo cual podría contribuir a un envejecimiento más lento y saludable.
Biomarcadores que predicen la longevidad
Uno de los puntos más reveladores del estudio fue la relación entre los biomarcadores y la probabilidad de alcanzar los 100 años. Por ejemplo, las personas con niveles más bajos de ácido úrico tenían casi el doble de probabilidad de vivir un siglo, en comparación con quienes tenían niveles más altos.
Igualmente, niveles bajos de creatinina y glucosa también se asociaron con mayor esperanza de vida. Estos marcadores reflejan un mejor funcionamiento renal y una regulación glucémica más eficiente, lo cual es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes y daños en órganos.
El hallazgo sobre el colesterol fue especialmente interesante. Aunque tradicionalmente se ha considerado que el colesterol alto es perjudicial, en adultos mayores, los niveles elevados de colesterol total se asociaron con mayor longevidad. Esto sugiere que las recomendaciones clínicas deben adaptarse a la edad, ya que lo que es “normal” para jóvenes podría no ser lo óptimo en adultos longevos.
Una salud más homogénea entre centenarios
Otro descubrimiento relevante fue la sorprendente homogeneidad en los perfiles de biomarcadores de los centenarios. A diferencia de lo que se pensaba, la mayoría de estas personas tenían valores similares entre sí, lo cual podría indicar que ciertos equilibrios bioquímicos son claves para alcanzar edades extremas.
Sin embargo, dentro del grupo de centenarios se identificaron dos subtipos: uno con niveles más altos de colesterol total, albúmina y capacidad total de fijación de hierro (TIBC), que fue llamado “perfil de alta nutrición”, y otro con niveles más bajos pero dentro de rangos saludables, denominado “nutrición suficiente”.
Ambos perfiles mostraban niveles saludables en general, pero el segundo grupo tenía biomarcadores que reflejaban un estado metabólico ligeramente más favorable. Esto podría sugerir que una ligera restricción calórica, sin malnutrición, podría estar relacionada con una vida más prolongada.
Factores genéticos y estilo de vida reflejados en la sangre
Aunque el azar y la genetica influyen, los investigadores destacan que los niveles de los biomarcadores reflejan también hábitos de vida acumulados a lo largo de los años. El estilo de alimentación, el consumo de alcohol, la actividad física y el manejo del estrés podrían estar plasmados en los resultados de un simple análisis de sangre.
Por ejemplo, los biomarcadores hepáticos como la GGT y ASAT, que suelen elevarse por el consumo de alcohol, estaban significativamente más bajos en los centenarios. Esto podría indicar que estos individuos tenían un consumo de alcohol más moderado o que su metabolismo hepático era más eficiente.
Del mismo modo, los niveles bajos de ácido úrico, relacionados con inflamación y enfermedades como la gota, reflejan un organismo menos expuesto al daño oxidativo crónico, un factor clave en el envejecimiento.
Una mirada más precisa al envejecimiento saludable
Este estudio representa una de las investigaciones más completas hasta la fecha sobre los secretos de una longevidad saludable desde el enfoque bioquímico. Con más de tres décadas de seguimiento, permite observar patrones antes de la aparición de enfermedades, lo cual es fundamental para la prevención.
El hallazgo de que ya desde los 65 años los futuros centenarios mostraban perfiles sanguíneos más saludables sugiere que nunca es demasiado pronto para comenzar a cuidar nuestro metabolismo. Pequeños cambios en la alimentación, la actividad física y la reducción del estrés pueden reflejarse en biomarcadores clave, con un impacto a largo plazo.
Descubren que el envejecimiento se propaga por el cuerpo como una infección.
Conclusión
La sangre de las personas más longevas revela mucho más que su grupo sanguíneo o niveles de colesterol. Revela un retrato biológico silencioso y constante de sus hábitos, su herencia y su salud.
Según el estudio publicado en GeroScience, quienes alcanzan los 100 años comparten perfiles bioquímicos particulares desde décadas antes, lo que demuestra que los secretos de una longevidad saludable están presentes, medibles y, en parte, modificables.
Con este conocimiento, podríamos anticiparnos, ajustar hábitos y favorecer una vida más larga y sana. La clave podría estar en hacernos esa análisis de sangre… pero interpretarlo con una nueva mirada: no solo para detectar enfermedades, sino para predecir y construir el futuro de nuestra salud.
- Murata, S., Ebeling, M., et al. (2024). Blood biomarker profiles and exceptional longevity: comparison of centenarians and non-centenarians in a 35-year follow-up of the Swedish AMORIS cohort. GeroScience, 46, 1693–1702. DOI: 10.1007/s11357-023-00936-w
