La demencia afecta a más de 55 millones de personas en el mundo y aún no tiene cura. Prevenir factores modificables es clave, y entre ellos destacan algunos medicamentos que aumentan el riesgo de demencia, los cuales son de uso común y, en muchos casos, se recetan de forma prolongada sin una evaluación regular de sus efectos a largo plazo.
Un conjunto de estudios epidemiológicos recientes revela que varios medicamentos habituales —destinados a alergias, insomnio, reflujo y dolor— podrían enlentecer los procesos cognitivos y, a largo plazo, aumentar la probabilidad de desarrollar demencia.
En este artículo revisamos la evidencia científica sobre cinco clases de medicamentos comúnmente asociadas con un mayor riesgo de demencia. Analizamos cómo actúan, qué nivel de riesgo presentan según los estudios y qué alternativas terapéuticas pueden considerarse en la práctica clínica.
¿Por qué prestar atención al riesgo farmacológico?
Los fármacos atraviesan la barrera hematoencefálica y pueden alterar neurotransmisores esenciales para la memoria. Cuando su uso es crónico, los efectos sobre la plasticidad sináptica se acumulan. Además, las personas mayores metabolizan los medicamentos con mayor lentitud, lo que eleva la exposición cerebral.
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Antihistamínicos con actividad anticolinérgica
Diversos análisis prospectivos han vinculado los antihistamínicos de primera generación —especialmente difenhidramina— con un incremento del deterioro cognitivo. Un estudio de cohorte en casi 300 000 adultos halló que el riesgo de demencia aumentaba progresivamente con la dosis acumulada de anticolinérgicos potentes (Gray et al., 2015).
Mecanismo. Estos fármacos bloquean receptores muscarínicos de acetilcolina, neurotransmisor crítico en la formación de recuerdos. En personas con enfermedad de Alzheimer, la reducción adicional de acetilcolina puede acelerar los síntomas.
Magnitud del riesgo. El uso continuado por más de tres años duplicó la incidencia de demencia respecto a no usuarios en el cuartil de mayor exposición.
Alternativas. Antihistamínicos de segunda generación (loratadina, cetirizina) poseen baja actividad anticolinérgica y constituyen opciones más seguras para tratar la rinitis alérgica crónica.
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Benzodiacepinas de vida media larga
Una meta‑análisis de diez estudios observacionales —151 000 participantes— determinó un aumento del 51 % en la probabilidad de demencia entre consumidores regulares de benzodiacepinas (He et al., 2019). El riesgo fue mayor con moléculas de vida media superior a 20 horas y con tratamientos prolongados.
Mecanismo. Las benzodiacepinas potencian la inhibición gabaérgica y reducen la actividad cortical; a largo plazo, esto podría afectar la consolidación de la memoria y promover cambios estructurales en el hipocampo.
Magnitud del riesgo. Utilizar benzodiacepinas durante más de tres años elevó el riesgo en un 21 % adicional sobre los usuarios episódicos.
Alternativas. Para insomnio crónico se recomiendan intervenciones cognitivo‑conductuales, melatonina de liberación prolongada o agonistas selectivos del receptor de melatonina.
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Inhibidores de la bomba de protones (IBP)
Un trabajo con 74 000 alemanes ≥ 75 años mostró que el consumo regular de omeprazol, pantoprazol o esomeprazol se asoció a un 44 % más de diagnósticos de demencia (Gomm et al., 2016).
Mecanismo. Los IBP pueden reducir la absorción de vitamina B12 y magnesio, necesarios para la mielinización y la función neuronal. Datos en ratones sugieren además elevación de β‑amiloide cerebral.
Magnitud del riesgo. El análisis de riesgos proporcionales de Cox mantuvo la asociación tras ajustar por comorbilidades y polifarmacia.
Alternativas. Revaluar la indicación al cabo de ocho semanas; cambiar a bloqueadores H2 o estrategias no farmacológicas contra el reflujo.
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Antidepresivos con fuerte carga anticolinérgica
Una revisión sistemática de seis estudios (Wang et al., 2023) encontró que los antidepresivos, sobre todo tricíclicos como amitriptilina y doxepina, se relacionan con un riesgo 21 % mayor de demencia en adultos mayores con depresión.
Mecanismo. Los tricíclicos inhiben receptores muscarínicos y alfa 1‑adrenérgicos, generando confusión, hipotensión y, a largo plazo, alteraciones sinápticas. Algunos ISRS (paroxetina) también poseen moderada actividad anticolinérgica.
Magnitud del riesgo. El metaanálisis mostró heterogeneidad moderada, pero las estimaciones se mantuvieron consistentes tras el análisis de sensibilidad.
Alternativas. ISRS con baja actividad anticolinérgica (sertralina, escitalopram) o inhibidores duales (venlafaxina) resultan preferibles en adultos mayores.
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Opioides para dolor crónico
Un estudio del Biobanco del Reino Unido siguió a 145 000 pacientes con dolor crónico durante 15 años. El uso regular de opioides se asoció a un 18 % más de demencia y a reducciones significativas del volumen hipocampal (Gao et al., 2024).
Mecanismo. Los opioides activan receptores μ, alteran la neurogénesis y aumentan la neuroinflamación. El consecuente descenso de materia gris puede facilitar procesos neurodegenerativos.
Magnitud del riesgo. Además, la cantidad de prescripciones mostró relación dosis‑respuesta: más de 20 recetas incrementaron el riesgo en 43 %.
Alternativas. Terapias multimodales: ejercicio, fisioterapia, antinflamatorios no opioides y técnicas psicológicas para el manejo del dolor.
Mecanismos biológicos compartidos
Pese a sus dianas diferentes, estos fármacos convergen en tres vías: depleción de acetilcolina, alteraciones de la microglía y estrés oxidativo. El resultado es una mayor acumulación de proteínas tóxicas y pérdida de sinapsis en zonas clave de la memoria.
Los estudios de neuroimagen respaldan esta convergencia: los usuarios de anticolinérgicos, benzodiacepinas y opioides presentan atrofia del hipocampo y aumento de sustancia blanca hiperintensa, marcadores tempranos de demencia.
Factores que modulan el riesgo
La dosis acumulada, la duración del tratamiento y la polifarmacia potencian el efecto. Enfermedades crónicas como diabetes y fragilidad física también aumentan la vulnerabilidad cerebral. Detener el fármaco antes de los 65 años parece reducir parcialmente el exceso de riesgo.
Recomendaciones para profesionales y pacientes
- Revisar la medicación cada seis meses en mayores de 60 años, usando escalas de carga anticolinérgica.
- Favorecer la dosis mínima eficaz y limitar el tiempo de tratamiento siempre que sea posible.
- Educar al paciente sobre síntomas de alarma (confusión, desorientación) y alternativas no farmacológicas.
- Aplicar deprescripción escalonada para evitar síndrome de abstinencia, sobre todo con benzodiacepinas y opioides.
Relevancia para la salud pública
La prevalencia elevada de estos medicamentos implica que incluso riesgos modestos pueden traducirse en miles de casos adicionales de demencia al año. Incorporar la variable “exposición a fármacos de alto riesgo” en estrategias nacionales de envejecimiento saludable podría disminuir la carga sanitaria futura.
Programas de farmacovigilancia y registro electrónico pueden alertar automáticamente cuando un paciente supera umbrales de uso continuado.
El uso prolongado de medicamentos para el reflujo gástrico podría aumentar el riesgo de demencia.
En conclusión
La evidencia acumulada indica que antihistamínicos anticolinérgicos, benzodiacepinas, inhibidores de la bomba de protones, antidepresivos tricíclicos y opioides comparten la capacidad de aumentar el riesgo de demencia, especialmente con uso prolongado y dosis altas.
Si bien la asociación no prueba causalidad en todos los casos, la consistencia entre estudios, la plausibilidad biológica y los hallazgos de neuroimagen respaldan medidas de precaución. Reducir el consumo innecesario y ofrecer alternativas seguras son pasos concretos para proteger la salud cognitiva a largo plazo.
En última instancia, el diálogo informado entre médico y paciente es la herramienta más poderosa para equilibrar beneficios y riesgos de cualquier tratamiento farmacológico.
- Gray, S. L., Anderson, M. L., Dublin, S., et al. (2015). Cumulative use of strong anticholinergics and incident dementia: A prospective cohort study. JAMA Internal Medicine. DOI: 10.1001/jamainternmed.2014.7663
- He, Q., Chen, X., Wu, T., Li, L., & Fei, X. (2019). Risk of dementia in long‑term benzodiazepine users: Evidence from a meta‑analysis of observational studies. Journal of Clinical Neurology. DOI: 10.3988/jcn.2019.15.1.9
- Gomm, W., von Holt, K., Thomé, F., et al. (2016). Association of proton pump inhibitors with risk of dementia: A pharmacoepidemiological claims data analysis. JAMA Neurology. DOI: 10.1001/jamaneurol.2015.4791
- Wang, G. H.‑M., Li, P., Wang, Y., et al. (2023). Association between antidepressants and dementia risk in older adults with depression: A systematic review and meta‑analysis. Journal of Clinical Medicine.DOI: 10.3390/jcm12196342
- Gao, Y., Su, B., Ding, L., et al. (2024). Association of regular opioid use with incident dementia and neuroimaging markers of brain health in chronic pain patients: Analysis of UK Biobank. American Journal of Geriatric Psychiatry. DOI: 10.1016/j.jagp.2024.04.010
