Un grupo de científicos hizo un descubrimiento sorprendente: encontraron un líquido que, al ser agitado con fuerza, siempre recupera la misma forma, similar a una urna griega. Este comportamiento, totalmente inesperado, desafía lo que se conocía sobre la dinámica de los líquidos.
El hallazgo, publicado en Nature Physics, ha generado gran interés en la comunidad científica y entre el público, abriendo nuevas preguntas sobre las leyes que rigen el comportamiento de los materiales.
¿Cómo es posible que un líquido tenga memoria de forma?
Cuando pensamos en líquidos, los imaginamos adaptándose a cualquier recipiente. Pero en este caso, estamos ante un fenómeno completamente nuevo. Este líquido no se comporta como los demás. Si lo agitas, no se desordena sin más, como haría el agua. En lugar de eso, se reorganiza rápidamente y adopta una forma muy precisa: la de una urna griega.
Este comportamiento único es posible gracias a un tipo especial de partículas ferromagnéticas suspendidas en el líquido. Estas partículas tienen propiedades magnéticas, y cuando se agrupan en la interfaz entre dos líquidos que no se mezclan —como el agua y el aceite—, empiezan a interactuar entre sí de forma controlada.
¿Qué tiene de especial esta interfaz líquida?
La interfaz es la zona donde los dos líquidos se tocan, como cuando se forma una capa de aceite sobre el agua. Normalmente, esta zona tiende a formar pequeñas burbujas o mezclarse, dependiendo de la fuerza del movimiento. Pero en este experimento, las partículas magnéticas que se ubican en esa frontera forman una especie de “piel” sólida y ordenada, que evita que se mezclen los líquidos.
Lo más interesante es que esta capa no solo evita la mezcla (o “emulsificación”), sino que además aumenta la tensión en la superficie. Es decir, le da más fuerza estructural a la interfaz, como si fuera una especie de tela tensada. Esa “tela” puede deformarse momentáneamente, pero siempre vuelve a su forma original, que en este caso, es muy parecida a la silueta de una urna antigua.
¿Qué causa esta memoria de forma?
Los científicos descubrieron que esta propiedad se debe a interacciones magnéticas dipolares entre las partículas. Eso quiere decir que cada partícula se comporta como un pequeño imán con un polo positivo y uno negativo. Cuando muchas partículas están juntas en la superficie, se atraen en patrones específicos y estables, lo que genera una estructura ordenada.
Esa estructura actúa como un molde invisible. Cuando el líquido se agita, todo se desordena, pero las partículas vuelven a colocarse en su lugar, como si recordaran cómo estaban antes. Y al hacerlo, reconstruyen la forma original del líquido, sin importar cuántas veces se repita el proceso.
¿Para qué podría servir este descubrimiento?
Aunque pueda parecer una curiosidad científica, este hallazgo tiene muchísimas aplicaciones potenciales. Uno de los campos más prometedores es la robótica de materiales líquidos. Con este tipo de líquidos con “memoria”, podríamos crear robots flexibles y autorreparables, que cambien de forma y luego vuelvan a su estado original sin ayuda externa.
También podría usarse en medicina, por ejemplo, para diseñar cápsulas que liberen medicamentos en una zona específica del cuerpo y luego se reconfiguren. O en tecnología espacial, donde se necesitan materiales que se adapten a condiciones extremas y recuperen su forma sin mecanismos complejos.
Además, esta tecnología puede ayudar a mejorar procesos industriales que usan emulsiones o interfaces líquidas, como en la producción de cosméticos, alimentos, pinturas y plásticos. Al controlar mejor la forma y estabilidad de las mezclas, se pueden obtener productos más eficientes y duraderos.
¿Estamos ante el inicio de una nueva era de materiales inteligentes?
Este descubrimiento se suma a una serie de avances recientes en el diseño de materiales con propiedades únicas, como sólidos blandos que se curan solos, cristales líquidos que cambian con el calor, o metales líquidos programables. Todos estos avances apuntan a un futuro donde los materiales no sean estáticos, sino dinámicos, capaces de adaptarse, aprender y evolucionar.
El líquido que recupera su forma original es solo un paso más en ese camino. Pero es un paso importante, porque demuestra que incluso un líquido puede tener una especie de “memoria” estructural sin necesidad de circuitos ni componentes electrónicos.
Conclusión
El estudio publicado en Nature Physics nos muestra que la ciencia aún puede sorprendernos con fenómenos que parecen sacados de la ciencia ficción. Un líquido que recuerda su forma y la recupera después de ser agitado es un hallazgo fascinante, con enormes posibilidades para la tecnología, la medicina y la industria. Este avance podría marcar el comienzo de una nueva generación de materiales inteligentes, capaces de transformar el mundo en formas que aún estamos comenzando a imaginar.
- Raykh, A., Paulsen, J. D., McGlasson, A., Joshi, C., Atherton, T. J., Kandula, H. N., Hoagland, D. A., & Russell, T. P. (2025). Shape-recovering liquids. Nature Physics, 1-4.
