Un nuevo análisis de sangre detecta 14 tipos de cáncer con una precisión del 95 %, incluso cuando el tumor recién empieza a desarrollarse. El hallazgo abre la puerta a tamizajes preventivos que podrían salvar miles de vidas al adelantar el diagnóstico varios años entes.
Actualmente sólo existen cribados eficaces para un puñado de tumores, y muchos pacientes son diagnosticados en etapas avanzadas, cuando el pronóstico empeora. Por ello, los investigadores buscan pruebas mínimamente invasivas que identifiquen signos moleculares del cáncer antes de que aparezcan los primeros síntomas devastadores.
Dos estudios punteros —uno basado en ADN libre de células tumorales y otro en metabolitos llamados glicosaminoglucanos— demuestran que combinar biomarcadores complementarios permite alcanzar una gran exactitud sin perder sensibilidad en fases I y II, consideradas la ventana de oportunidad curativa para muchos pacientes.
La urgencia de detectar el cáncer antes de que aparezcan los síntomas
El cáncer genera más de nueve millones de muertes anuales en el mundo. Cuando se diagnostica tarde, se requieren cirugías extensas, quimioterapia y fármacos oncológicos costosos con efectos adversos. Detectarlo pronto reduce mortalidad, morbilidad y gasto sanitario, según la Organización Mundial de la Salud.
Las estrategias actuales de cribado —mamografías, colonoscopias o citologías— se centran en un órgano concreto y su aceptación varía entre países. Disponer de un solo análisis de sangre capaz de rastrear múltiples tumores simplificaría los programas de prevención y aumentaría la cobertura poblacional global.
Además, los costes de los tratamientos avanzados son crecientes y presionan los sistemas sanitarios. Estudios económicos sugieren que cada dólar invertido en detección temprana genera entre dos y cuatro dólares en productividad y ahorro clínico, justificando la adopción de pruebas innovadoras a gran escala.
El corazón de la prueba: ADN tumoral y patrones de metilación
Según el estudio publicado en Annals of Oncology, el equipo del consorcio CCGA secuenció regiones metiladas de ADN que los tumores liberan al torrente sanguíneo. Un algoritmo de aprendizaje automático distinguió 50 tipos de cáncer con un 99 % de especificidad y 95 % de precisión.
El método se basa en que los patrones de metilación difieren entre tejidos sanos y malignos. Al capturar más de 100 000 regiones informativas, la prueba no sólo detecta la presencia de células cancerosas; también sugiere con 93 % de acierto el tejido de origen probable.
Los autores analizaron más de 10 000 muestras, incluidas personas sin cáncer, para entrenar y validar el algoritmo enmascarado. Este diseño doble ciego garantiza que el rendimiento refleje la realidad clínica y evita sobreajustes que inflarían artificialmente la precisión en cohortes pequeñas o sesgadas inicialmente.
Más allá del ADN: los metabolitos GAG como biomarcadores complementarios
De acuerdo al estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, analizar glicosaminoglucanos libres —polisacáridos que modulan la matriz extracelular— añade una capa metabólica a la detección. Variaciones en su sulfación permiten diferenciar catorce tumores, incluidos cerebrales y genitourinarios, capturar con ADN.
Los investigadores midieron estos compuestos en orina y plasma mediante cromatografía UHPLC‑MS/MS, una tecnología accesible para laboratorios clínicos. Con 95 % de especificidad, el algoritmo detectó 62 % de los casos en estadio I y localizó el tumor con 89 % de precisión anatómica en estudios de validación.
Las cadenas de suministro para kits UHPLC‑MS/MS son más sencillas que las de secuenciación masiva, lo que podría acelerar su distribución en países con menos recursos. Además, la prueba aprovecha orina, una matriz fácil de recolectar que incrementa la aceptabilidad entre los pacientes potenciales.
Evidencia de precisión y sensibilidad en fases tempranas
En conjunto, los dos trabajos muestran que un análisis de sangre detecta 14 tipos de cáncer con altas métricas. El estudio CCGA alcanzó 39 % de sensibilidad en estadio I para los tumores considerados de mayor mortalidad y superó el 90 % en estadio IV de la enfermedad.
Por su parte, la aproximación metabólica duplicó la sensibilidad frente a otras biopsias líquidas genómicas en muestras de población asintomática, manteniendo la especificidad del 95 %. Este equilibrio minimiza falsos positivos y evita exploraciones invasivas innecesarias, un requisito para programas de cribado masivo y seguros.
Otro hallazgo clave es que los pacientes no detectados presentaban tumores indolentes o muy pequeños, con riesgo de muerte entre 39 % y 50 % inferior al de los casos positivos. Este matiz reduce la preocupación sobre el sobrediagnóstico y la posibilidad de intervenciones innecesarias agresivas.
Ventajas clínicas y potencial impacto en la salud pública
Al requerir solo una extracción de sangre, la prueba puede integrarse en chequeos rutinarios, reducir barreras culturales y logísticas y mejorar la equidad en el acceso al diagnóstico temprano. Además, sugiere el órgano afectado, orientando al médico hacia pruebas de confirmación dirigidas y eficientes.
Modelos poblacionales estiman que, si se alcanzara un 50 % de adopción, podrían evitarse hasta 100 000 muertes al año en Estados Unidos. Por ende, organismos reguladores y sistemas de salud evalúan incorporar estudios piloto para medir coste‑efectividad y aceptabilidad entre ciudadanos de distintas edades adultas.
Al estimar la ubicación probable del tumor, el análisis previene cascadas diagnósticas indiscriminadas. Por ejemplo, si el algoritmo señala origen pancreático, se puede solicitar directamente una resonancia abdominal, reduciendo tiempos, exposiciones radiológicas y ansiedades asociadas a múltiples pruebas secuenciales para el mismo hallazgo inicial.
Retos, limitaciones y próximos pasos de investigación
Aunque prometedor, el test requiere validación en cohortes aleatorias de millones de participantes para confirmar su utilidad clínica y descartar sesgos de selección. Los autores reconocen que la sensibilidad varía según la biología del tumor y la proporción de ADN o metabolitos circulantes disponibles.
Otro desafío es garantizar que un resultado positivo desencadene rutas diagnósticas rápidas y accesibles, evitando ansiedad prolongada. Paralelamente, los costes de secuenciación y espectrometría deben descender, aunque la industria pronostica reducciones significativas a medida que la demanda y la automatización crezcan en los laboratorios.
Finalmente, se necesitan guías éticas actualizadas que definan cómo comunicar resultados de riesgo, proteger la privacidad genética y garantizar que las poblaciones vulnerables no queden excluidas. Estas consideraciones deben acompañar el desarrollo tecnológico para maximizar el beneficio social del diagnóstico precoz en cada país.
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Conclusión
El avance descrito demuestra que combinar señales genómicas y metabólicas en un análisis de sangre multiplexado alcanza el 95 % de precisión sin sacrificar sensibilidad temprana. La tecnología podría transformar los programas de cribado oncológico durante la próxima década a escala global de forma sostenible.
Sin embargo, la promesa sólo se materializará si la investigación continúa con ensayos aleatorizados, análisis de coste‑beneficio y políticas de acceso equitativas. Invertir hoy en estas áreas es esencial para que mañana el diagnóstico precoz sea parte rutinaria de la atención primaria en salud.
Con cada avance, la biología molecular refuerza el principio de que comprender las señales sutiles del cáncer permite actuar antes, con tratamientos menos agresivos y resultados. Esta prueba representa un paso decisivo hacia un futuro en que la detección y la cura caminen juntas.
1. Liu, M. C., Oxnard, G. R., Klein, E. et al. (2020). Sensitive and specific multi‑cancer detection and localization using methylation signatures in cell‑free DNA. Annals of Oncology. DOI: 10.1016/j.annonc.2020.02.011
2. Bratulica, S., Limeta, A., Dabestani, S., et al. (2022). Noninvasive detection of any‑stage cancer using free glycosaminoglycans. Proceedings of the National Academy of Sciences. DOI: 10.1073/pnas.2115328119
