Para ver, las células de la retina deben captar la luz y comunicarse entre sí. Cuando esas conexiones fallan, la capacidad visual se deteriora.
Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan lograron restablecer esa comunicación mediante una terapia génica en perros con una enfermedad hereditaria que reduce progresivamente la visión.
El tratamiento también permitió reorganizar conexiones celulares en la retina adulta. Los animales tratados mejoraron su capacidad para orientarse y evitar obstáculos con poca luz.
Una alteración genética interrumpe las señales visuales
El estudio, publicado en Molecular Therapy: Advances, identificó una mutación en el gen CaBP4 en perros de raza whippet que desarrollaban degeneración de la retina.
Este gen permite producir una proteína que regula el funcionamiento de canales de calcio, necesarios para transmitir señales entre las células que intervienen en la visión.
La alteración afectaba el desarrollo y funcionamiento de las conexiones celulares de la retina. Esto dificultaba que las células que captan la luz transmitieran la información visual a otras células.
Desde pequeños, los perros presentaban dificultades visuales, aunque conservaban cierta capacidad para ver. Con el tiempo, la enfermedad provocaba pérdida de células y mayor deterioro.
Además, la capa donde se establecen esas primeras conexiones era más delgada. Algunas estructuras necesarias para transmitir las señales permanecían inmaduras y otras estaban desorganizadas.
La terapia permitió reconstruir las conexiones celulares
Para corregir este problema, el equipo administró debajo de la retina un virus modificado que transportaba una copia funcional del gen a las células.
Probaron versiones del gen canino y humano. Ambas consiguieron mejorar la función de la retina, sin diferencias detectables en la recuperación obtenida con cada versión.
Tras el tratamiento, las estructuras encargadas de liberar las sustancias que transmiten señales entre células maduraron y adquirieron dimensiones similares a las de perros sanos.
Las células sensibles a la luz también establecieron conexiones organizadas con las células receptoras. Como resultado, la capa que las reúne aumentó su grosor.
En las zonas tratadas, la retina conservó mejor su estructura. Las regiones cercanas que no recibieron la terapia continuaron adelgazándose conforme avanzaba la enfermedad.
Los perros recuperaron orientación y evitaron obstáculos
El equipo evaluó la visión con un dispositivo de cuatro salidas y un recorrido con obstáculos, además de registrar las respuestas eléctricas de la retina.
Con poca luz, los perros tratados eligieron mejor la salida disponible, completaron los recorridos más rápido y chocaron menos que cuando utilizaban el ojo sin tratar.
Las mediciones eléctricas también mostraron respuestas recuperadas. Incluso dos perros tratados cuando la degeneración estaba avanzada mantuvieron esa recuperación durante los siguientes 18 meses.
En otros tres animales, las evaluaciones documentaron beneficios durante más de dos años. La recuperación mostró que la retina adulta conservaba capacidad para reorganizar sus conexiones.
Estos resultados proporcionan una base para desarrollar estudios clínicos de terapia génica dirigidos a personas con alteraciones de CaBP4, que también causan problemas visuales hereditarios.




