Las alarmas sanitarias volvieron a encenderse en África tras la rápida expansión de un nuevo brote de ébola en República Democrática del Congo.
Autoridades locales y la OMS confirmaron más de 530 casos sospechosos y al menos 130 muertes, mientras advierten que la propagación parece avanzar más rápido de lo esperado.
La preocupación aumentó después de detectarse contagios fuera de la zona inicial del brote, incluyendo nuevos casos en Goma y Uganda.
Incluso un médico estadounidense que trabajaba en labores humanitarias figura entre los infectados reportados recientemente.
La cepa preocupa por falta de vacunas
El brote actual está asociado a la variante Bundibugyo, una de las cepas menos estudiadas del virus del ébola.
A diferencia de otras variantes, todavía no existe una vacuna aprobada ni tratamientos específicos dirigidos contra esta forma particular de la enfermedad.
Además, los primeros síntomas suelen confundirse fácilmente con malaria, gripe o meningitis, retrasando el diagnóstico en algunos pacientes.
Fiebre, fatiga intensa, dolor muscular y vómitos aparecen inicialmente antes de evolucionar hacia cuadros mucho más graves.
La situación también se complica porque gran parte de los contagios ocurre en regiones afectadas por violencia armada, desplazamientos masivos y sistemas sanitarios debilitados.
Millones de personas viven actualmente en condiciones humanitarias críticas, dificultando el rastreo rápido de contactos y la contención del virus.
Cómo se transmite realmente el virus
El ébola no se transmite por el aire como ocurrió con la covid-19. El contagio sucede mediante contacto directo con fluidos corporales infectados, incluyendo sangre, vómitos o superficies contaminadas.
Por ahora, la OMS insiste en que el riesgo global sigue siendo bajo, aunque reconoce preocupación por la velocidad actual del brote.
Los trabajadores sanitarios, familiares y cuidadores continúan siendo los grupos con mayor riesgo de exposición durante esta emergencia.
