La idea suena casi demasiado buena para ser verdad: entrenas una sola vez y, poco después, tu cuerpo produce señales capaces de “dificultar” el crecimiento de células cancerosas.
Un estudio con supervivientes de cáncer de mama encontró algo llamativo: la sangre tomada justo después de una sesión de ejercicio redujo el crecimiento de células cancerosas en pruebas de laboratorio.
El trabajo comparó dos tipos de entrenamiento exigente (fuerza y intervalos intensos) y observó qué pasaba en un lapso corto: antes de entrenar, al terminar y 30 minutos después. Luego, con esas muestras, los científicos evaluaron cómo reaccionaban células de cáncer de mama cultivadas en laboratorio.
¿Qué investigó exactamente el estudio?
Participaron 32 supervivientes de cáncer de mama, divididas en dos grupos:
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Entrenamiento de fuerza (pesas/resistencia).
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Entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT).
Ambas sesiones duraron cerca de 45 minutos y fueron de intensidad moderada a alta. La pregunta fue directa: ¿una sola sesión cambia la sangre lo suficiente como para afectar el crecimiento de células cancerosas en el laboratorio?
Para responderlo, tomaron sangre en tres momentos:
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Antes de entrenar
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Justo al terminar
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30 minutos después
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¿Que el ejercicio “enciende” dentro del cuerpo?
Cuando te ejercitas, el músculo no solo se mueve: también libera sustancias a la sangre. Muchas son proteínas que ayudan a regular energía, inflamación y recuperación. En este estudio se fijaron en varias de esas señales, a veces llamadas “mensajeros del músculo”.
Después del entrenamiento, varias subieron de forma clara (en algunos casos entre 9% y 47%, según el tipo de entrenamiento y el marcador). En simple: el cuerpo entró en “modo activo” y liberó mensajes químicos que no estaban igual antes.
Un detalle interesante: en algunos marcadores, el HIIT mostró un aumento más marcado justo al terminar. Esto sugiere que la intensidad del esfuerzo puede influir en cuánto se activa esta respuesta.
Después de entrenar: el suero en sangre frenó células de cáncer
Aquí está lo más llamativo. Los científicos tomaron el suero (la parte líquida de la sangre) y lo pusieron en contacto con células de cáncer de mama en laboratorio.
El patrón fue consistente:
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Con suero tomado justo después del ejercicio, el crecimiento celular bajó.
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Con suero tomado 30 minutos después, también bajó.
En números aproximados, la reducción del crecimiento fue de:
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20% a 21% tras entrenamiento de fuerza.
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19% a 29% tras HIIT.
Además, justo al terminar, el HIIT mostró una reducción algo mayor que la fuerza. En simple: ambos funcionaron, pero el HIIT fue un poco más potente en ese momento específico.
Otro punto relevante: esto se probó en una línea celular vinculada a un tipo de cáncer de mama más agresivo y menos sensible a hormonas. Eso hace el hallazgo más interesante, porque sugiere que el efecto no depende solo de cambios hormonales, sino de señales más amplias que el ejercicio activa.
Qué significa para la vida real
Esto no debe interpretarse como “el ejercicio cura el cáncer”. Lo que muestra el estudio es más específico:
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Una sesión de ejercicio cambia temporalmente la sangre.
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Ese cambio puede dificultar el crecimiento de células cancerosas en una prueba de laboratorio.
Esto ayuda a entender por qué, en investigaciones más grandes, las personas físicamente activas suelen tener mejores resultados de salud y, en algunos casos, menor riesgo de recaída. Pero todavía faltan piezas:
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Se probó una línea celular en laboratorio.
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Se midieron algunas sustancias, no todo lo que cambia al entrenar.
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No se puede asegurar que el mismo efecto ocurra igual dentro del cuerpo humano sin más estudios.
Aun así, el mensaje práctico es valioso: el ejercicio no es solo “quemar calorías”. También puede ser un interruptor biológico que activa señales con potencial impacto en salud.
Si alguien ha tenido cáncer o está en tratamiento, lo correcto es lo de siempre: consultar con su equipo médico para elegir el tipo e intensidad de ejercicio más seguro según su caso.
Conclusión
Una sola sesión de ejercicio exigente ya sea fuerza o HIIT puede generar cambios rápidos en la sangre que, en laboratorio, reducen el crecimiento de células de cáncer de mama. Es un hallazgo prometedor porque muestra un mecanismo posible: al activarse, el músculo libera señales que podrían contribuir a un entorno menos favorable para ciertas células cancerosas. No reemplaza tratamientos, pero refuerza una idea potente: mover el cuerpo también es una intervención biológica real.
- Bettariga F, Taaffe DR, Crespo-Garcia C, Clay TD, De Santi M, Baldelli G, Adhikari S, Gray ES, Galvão DA, Newton RU, y cols. A single bout of resistance or high-intensity interval training increases anti-cancer myokines and suppresses cancer cell growth in vitro in survivors of breast cancer. Breast Cancer Research and Treatment. 2025;213:171–180. DOI: 10.1007/s10549-025-07772-w.
