¿Por qué algunas personas parecen tener un mejor juicio al planear su futuro? Detrás de nuestras elecciones financieras, de salud o jubilación, podría haber un factor clave que está siendo subestimado: el coeficiente intelectual.
Tomar decisiones bajo incertidumbre requiere anticipar el futuro. Evaluar riesgos, calcular probabilidades y adaptarse a información cambiante es fundamental, pero no todos lo hacemos con la misma precisión. Aquí es donde el coeficiente intelectual entra en juego.
Un nuevo estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology, ofrece evidencia contundente de que el coeficiente intelectual en la toma de decisiones tiene un rol determinante. Las personas con mayor IQ cometen menos errores al estimar eventos futuros y muestran mayor consistencia en sus evaluaciones.
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El coeficiente intelectual y su relación con las expectativas sobre el futuro
Según el estudio, la investigación analizó más de 30 mil observaciones provenientes de 3,946 personas mayores de 50 años en Inglaterra. A cada participante se le pidió que estimara su probabilidad de vivir hasta cierta edad. Luego, estas respuestas fueron comparadas con datos reales de expectativa de vida.
Los resultados fueron claros: quienes tenían un coeficiente intelectual más alto cometían menos errores de predicción. No solo eso: sus respuestas mostraban menos “ruido”, es decir, menos variabilidad en estimaciones repetidas del mismo evento. Esto significa que su evaluación era más precisa y estable.
Este hallazgo revela que el coeficiente intelectual no solo mejora nuestra capacidad de resolver problemas abstractos, sino que también influye en la forma en que juzgamos escenarios inciertos y tomamos decisiones cotidianas.
Más allá del coeficiente: genes, sesgos y educación
Para entender a fondo este vínculo, el estudio utilizó una herramienta llamada aleatorización mendeliana. Esta técnica permite estimar relaciones causales usando variantes genéticas ligadas al IQ. En otras palabras, se analizó si las diferencias genéticas asociadas a la inteligencia influían directamente en la calidad de nuestras predicciones.
Además del coeficiente intelectual, se evaluaron los puntajes poligénicos asociados al logro educativo (PGS-EA), los cuales incluyen tanto capacidades cognitivas como rasgos no cognitivos relevantes para el éxito académico. Ambos factores se asociaron con menores errores de pronóstico, aunque el IQ mostró una influencia más contundente.
Estos datos también ayudaron a descartar explicaciones alternativas, como que las personas con mejor salud o mayor educación simplemente eran más optimistas. Incluso al controlar por riqueza, nivel educativo y entorno familiar, la relación entre IQ y precisión en las decisiones se mantuvo firme.
Lo que tus errores de predicción dicen sobre tu inteligencia
El coeficiente intelectual en la toma de decisiones influye tanto en el sesgo sistemático como en el ruido aleatorio. El sesgo ocurre cuando alguien tiende a sobreestimar o subestimar un evento de forma constante. En cambio, el ruido representa variabilidad: una persona que un día estima 90% y otro día 30% para el mismo evento muestra falta de consistencia.
En el estudio, las personas con IQ bajo presentaban errores de hasta 26%, mientras que las de IQ alto tenían errores de apenas 12%. Además, las personas con bajo IQ eran más propensas a usar atajos mentales (heurísticas) que llevaban a errores de juicio, como el exceso de confianza o el sesgo de disponibilidad.
Estos resultados ayudan a entender por qué una persona con menor IQ puede tomar decisiones financieras más arriesgadas, subestimar riesgos de salud o postergar decisiones importantes sin medir sus consecuencias futuras.
Evaluar el futuro: un reto cognitivo con consecuencias reales
Saber cuánto tiempo vivirás no es solo una curiosidad. Esta expectativa subjetiva afecta cómo gastas, ahorras, inviertes, te jubilas e incluso cómo manejas tu salud. El estudio se centró en estas predicciones de vida porque están directamente ligadas a decisiones económicas vitales.
El modelo de ciclo de vida económico asume que las personas planifican su consumo pensando en su longevidad. Si una persona cree que morirá joven, gastará más hoy. Si cree que vivirá mucho, ahorrará más. Pero si esa creencia es errónea, podría enfrentar graves consecuencias, como quedarse sin fondos para la vejez.
Por eso, la habilidad de calibrar correctamente expectativas futuras es esencial. Y según este estudio, tu coeficiente intelectual podría influir directamente en cómo tomas esas decisiones cruciales.
Menor inteligencia, más ruido y menos consistencia
Otra parte clave del estudio analizó la variabilidad en las respuestas. Aquellas personas con menor IQ mostraban predicciones muy dispares cuando se les preguntaba lo mismo en distintas ocasiones. Es decir, eran inconsistentes.
Este ruido en el juicio puede llevar a decisiones erráticas. Por ejemplo, una persona podría tomar una decisión basada en una creencia un día y, al siguiente, actuar como si no creyera lo mismo. Esta inestabilidad puede generar problemas en la vida real, desde inversiones fallidas hasta planificaciones ineficientes.
Por el contrario, los individuos con alto coeficiente intelectual mantenían un criterio más estable. No solo eran más precisos, sino también más coherentes.
El coeficiente intelectual no lo es todo, pero importa mucho
Aunque el estudio resalta el papel del coeficiente intelectual en la toma de decisiones, también deja en claro que no es el único factor. La educación, el entorno familiar, la salud mental y el acceso a información también influyen. Sin embargo, incluso al controlar todas estas variables, la relación entre IQ y precisión en las predicciones se mantuvo fuerte.
Esto sugiere que promover habilidades cognitivas desde edades tempranas podría mejorar la calidad de las decisiones que tomamos durante toda la vida. Y que comprender nuestras limitaciones cognitivas podría ayudarnos a tomar medidas correctivas, como usar herramientas para planificación o buscar asesoramiento experto.
Conclusión
El estudio aporta evidencia robusta y novedosa: tu coeficiente intelectual podría influir directamente en la forma en que tomas decisiones y evalúas el futuro. Las personas con mayor IQ cometen menos errores al anticipar eventos inciertos y mantienen un juicio más consistente.
Esto no solo ayuda a entender por qué algunas personas toman mejores decisiones financieras, laborales o de salud, sino también sugiere nuevas formas de apoyar a quienes enfrentan dificultades en estos ámbitos.
- Dawson, C. (2025). IQ, Genes, and Miscalibrated Expectations. Journal of Personality and Social Psychology. Advance online publication. DOI: 10.1037/pspp0000567





Es un estudio muy interesante, por cierto, pero omite un factor muy analizado por la psicología actual (y desde ya hace algunos años) y es el de la Inteligencias Múltiples. La teoría de las Inteligencias Múltiples cuestiona con bases sólidas el valor absoluto del IQ,
De esta manera, por ejemplo, alguien con una alta inteligencia para cuestiones financieras podría tomar decisiones consistentes en ese terreno, pero, si al mismo tiempo tiene una baja inteligencia en relaciones interpersonales, podría tomar decisiones erráticas en su vida familiar, laboral y de amistades, lo cual podría obstaculizar más adelante la eficacia de los resultados a largo plazo de una buena decisión financiera.