Un árbol crece en el desierto de Judea. No es un árbol común, sino uno que germinó desde una semilla milenaria recuperada en una cueva arqueológica. Científicos creen que este ejemplar podría estar relacionado con un bálsamo curativo mencionado en antiguos textos bíblicos y que hoy podría tener valor medicinal. El estudio, publicado en la revista Communications Biology, fue liderado por la Dra. Sarah Sallon, en Jerusalén.
Hallazgo arqueológico en el desierto: origen de la semilla
Durante excavaciones realizadas en la cueva Wadi el-Makkuk, al norte de Jerusalén, investigadores encontraron una semilla en condiciones inusualmente bien conservadas. El hallazgo ocurrió en los años ochenta, pero recién en 2010, la semilla fue plantada como parte de un proyecto experimental.
La semilla fue apodada “Sheba” por la Dra. Sarah Sallon, quien encabeza el Centro de Investigación de Medicina Natural Louis L. Borick en el Hospital Hadassah. El equipo midió la semilla antes de plantarla. Luego, aplicó un tratamiento especial para favorecer su germinación con el mínimo daño posible.
Método para germinar una semilla de mil años
Para germinar esta semilla milenaria, la investigadora Elaine Solowey empleó un protocolo desarrollado para palmeras datileras de 2.000 años. Este proceso consistió en:
- Remojar la semilla en una mezcla de agua, hormonas y fertilizante.
- Plantarla en tierra esterilizada dentro de una maceta protegida.
- Esperar la aparición de un brote saludable.
Cinco semanas después, brotó una planta con un opérculo, una “tapa” protectora sobre la punta. Una vez que esta tapa se cayó, el equipo midió la materia orgánica y aplicó datación por radiocarbono. Los resultados mostraron que la semilla tenía entre 993 y 1202 d. C., es decir, entre 800 y 1.000 años de antigüedad.
- Leer más: Por primera vez, registran a un orangután usando una planta medicinal para curar su herida facial.
Identidad genética: una especie de Commiphora desconocida
Cuando la planta empezó a desarrollar hojas, los científicos las compartieron con botánicos internacionales para identificarla. Un especialista sugirió que pertenecía al género Commiphora, al que también pertenece el árbol de la mirra.
La Dra. Andrea Weeks, de la Universidad George Mason (EE. UU.), secuenció el ADN de una muestra de hoja. El análisis filogenético confirmó su clasificación dentro de Commiphora, pero no coincidía con ninguna especie conocida.
Esto indica que se trata de una especie única, posiblemente extinta, que alguna vez creció en la región del desierto de Judea. Además, el árbol:
- Tiene más de 14 años y casi 3 metros de altura.
- Nunca ha florecido ni producido frutos.
- No emite aromas perceptibles ni posee las resinas fragantes típicas del bálsamo de Judea.
Por lo tanto, aunque está relacionado con Commiphora gileadensis, no es la misma especie.
¿Podría ser el “tsori” bíblico con propiedades curativas?
Los investigadores plantean que este árbol podría haber sido la fuente de un extracto medicinal mencionado en la Biblia: el tsori o “bálsamo de Galaad”. Esta sustancia era muy valorada en la antigüedad por sus usos terapéuticos y su fragancia, aunque este ejemplar no tiene aroma perceptible.
El análisis químico, sin embargo, reveló la presencia de compuestos bioactivos con propiedades interesantes:
- No contiene oleorresinas aromáticas típicas.
- Sí contiene “guggulteroles”, conocidos por sus posibles propiedades contra el cáncer.
- También se detectaron glucolípidos, compuestos no descritos previamente en otras Commiphora.
Estos resultados sugieren que este árbol milenario:
- No es el bálsamo de Judea tradicional.
- Pero sí es un pariente cercano, con un perfil químico distinto.
- Puede ser una fuente de compuestos medicinales valiosos.
Importancia científica y esperanzas futuras
Según la Dra. Louise Colville, del Real Jardín Botánico de Kew, es extremadamente raro que una sola semilla tan antigua logre germinar con éxito. La longevidad de estas semillas ofrece esperanza sobre el valor de conservar material vegetal durante siglos.
Este hallazgo:
- Aporta información genética sobre especies extintas.
- Abre la puerta a nuevos estudios farmacológicos.
- Contribuye a la comprensión de prácticas agrícolas antiguas.
- Ayuda a explorar conexiones entre botánica, arqueología y textos religiosos.
El equipo espera que, si el árbol llega a florecer o dar frutos, puedan confirmar con certeza su identidad taxonómica. Por ahora, “Sheba” sigue creciendo en el Centro Médico Hadassah como símbolo de la conexión entre el pasado bíblico y la ciencia moderna.
Conclusión: una historia donde la ciencia revive el pasado
La resurrección de esta especie de Commiphora a partir de una semilla milenaria combina arqueología, biología, química y tradición histórica. Aunque no se trata del mítico bálsamo de Judea, este árbol aporta nuevos conocimientos sobre especies extintas y compuestos medicinales valiosos.
La investigación demuestra cómo una semilla olvidada en el desierto puede ofrecer claves para entender el uso de plantas en la antigüedad. Al mismo tiempo, subraya la importancia de conservar semillas y proteger la biodiversidad con fines científicos y medicinales. Como dijo Sallon: “Era solo una semilla, pero nos ofreció una segunda oportunidad para conocer lo que creció hace mil años”.
Sallon, S., Solowey, E., Gostel, M. R., Egli, M., Flematti, G. R., Bohman, B., Schaeffer, P., Adam, P., & Weeks, A. (2024). Characterization and analysis of a Commiphora species germinated from an ancient seed suggests a possible connection to a species mentioned in the Bible. Communications Biology.
