Perder peso o mantener una alimentación equilibrada suele relacionarse con sacrificios, dietas estrictas y prohibiciones difíciles de sostener. Sin embargo, la ciencia está demostrando que existen métodos mucho más simples, efectivos y fáciles de aplicar en la vida cotidiana.
Un estudio reciente publicado en Food Quality and Preference identificó un truco simple para reducir calorías sin esfuerzo: añadir un nivel moderado de picante a las comidas. Este cambio tan pequeño puede tener un gran impacto en el control del consumo energético.
Los resultados mostraron que aumentar la intensidad del picante ralentiza la forma de comer, reduce la cantidad ingerida y, sorprendentemente, no disminuye el disfrute de los alimentos.
Se trata de una estrategia sencilla, natural y accesible para controlar la ingesta calórica sin renunciar al placer de comer.
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El poder del picante en la alimentación
El estudio se centró en la capsaicina, compuesto presente en los chiles y responsable de la sensación de ardor en la boca. Los científicos probaron su efecto en platos comunes como chili con carne y pollo tikka masala, evaluando la cantidad consumida y la velocidad de masticación.
Los resultados fueron consistentes: los participantes que recibieron versiones más picantes de las comidas comieron entre un 11 % y un 18 % menos que quienes recibieron las versiones suaves. Este efecto se mantuvo incluso cuando la percepción de sabor y agrado no mostró diferencias significativas entre los grupos.
Así, el picante funciona como un modulador natural de la conducta alimentaria. No actúa reduciendo el apetito inicial, sino ralentizando el ritmo de consumo y favoreciendo que la saciedad aparezca antes. Un recurso simple y eficaz para comer menos calorías sin esfuerzo.
Cambios en el comportamiento alimentario
Los investigadores observaron que la sensación de picante modificaba directamente la estructura de la alimentación. Quienes recibían platos más intensos en picor tomaban bocados con menor frecuencia y reducían su velocidad de ingesta, en comparación con quienes comían la versión suave.
Este patrón de comportamiento está vinculado con un mayor tiempo de exposición oral a los alimentos, lo que favorece las señales fisiológicas de saciedad. En otras palabras, al comer más despacio gracias al picante, el cuerpo recibe la señal de “estar lleno” antes de consumir cantidades excesivas.
Estos hallazgos coinciden con investigaciones previas sobre cómo la textura y la forma de los alimentos influyen en la ingesta, pero aquí se añade un componente novedoso: el sabor picante como herramienta no textural para moderar el consumo energético.
Beneficios más allá del control de peso
Además de su efecto en la reducción de la ingesta calórica, la capsaicina ha sido estudiada por su impacto en la salud metabólica. Según investigaciones previas, su consumo regular puede favorecer el gasto energético, mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir a la salud cardiovascular
Este doble beneficio —menor consumo y potenciales mejoras metabólicas— convierte al picante en un aliado atractivo para quienes buscan un estilo de vida más saludable. Y lo más importante: su incorporación en la dieta es sencilla y culturalmente aceptada en muchas cocinas del mundo.
Incluso en poblaciones con bajo consumo habitual de especias, el estudio mostró que niveles moderados de picante eran suficientes para generar cambios. Esto abre la posibilidad de aplicarlo de manera flexible, sin necesidad de dietas restrictivas.
Una estrategia sencilla para el día a día
El truco simple para reducir calorías consiste, básicamente, en añadir especias picantes a las comidas principales. No se trata de transformar radicalmente la dieta, sino de incorporar un condimento que, por sí solo, modula la velocidad y cantidad de consumo.
En el estudio, un almuerzo de chili con carne ligeramente más picante llevó a los participantes a consumir 46 gramos menos que con la versión suave. En términos energéticos, esto equivale a alrededor de 50 calorías menos en una sola comida.
Estos pequeños ahorros calóricos, repetidos en el tiempo, pueden marcar una diferencia significativa en la prevención del sobrepeso. Todo ello sin recurrir a restricciones severas ni sacrificar el placer de comer.
Conclusiones
El estudio publicado en Food Quality and Preference ofrece evidencia sólida de que aumentar moderadamente el picante en las comidas es una forma sencilla y eficaz de reducir la ingesta calórica. Al modificar el ritmo de consumo sin afectar el disfrute de los alimentos, se logra un efecto natural de autocontrol.
Este hallazgo demuestra que reducir ingesta de calorías fácilmente no depende de estrategias complejas, sino de aprovechar mecanismos sensoriales ya presentes en los alimentos. Una cucharadita extra de picante puede ser más poderosa de lo que pensamos en la lucha contra el exceso de peso.
Cunningham, P. M., Smith, I. M., & Hayes, J. E. (2025). Increasing the spiciness of a lunch meal influences oral processing behaviors and decreases food and energy intake. Food Quality and Preference. DOI: 10.1016/j.foodqual.2025.105566
