La inflamación intestinal es un fenómeno que ha despertado gran interés en la comunidad científica debido a sus posibles efectos en enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Varios estudios recientes señalan una conexión potencial entre la inflamación crónica del intestino y el desarrollo del Alzheimer, vinculando el estado del microbioma intestinal con la salud cerebral.
Este artículo explora cómo la inflamación intestinal podría influir en la progresión del Alzheimer, explicando los mecanismos biológicos involucrados y las estrategias para prevenir dicha inflamación.
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¿Qué es la inflamación intestinal y cómo afecta al cuerpo?
La inflamación intestinal se caracteriza por una respuesta inmunitaria crónica y de bajo grado en el intestino. Este proceso está asociado con alteraciones en la composición del microbioma intestinal y la degradación de la barrera epitelial intestinal, lo cual permite que sustancias perjudiciales, como lipopolisacáridos, ingresen al torrente sanguíneo.
La inflamación constante en el intestino, se relaciona con el envejecimiento y la aparición de enfermedades crónicas. Estudios recientes han mostrado que los niveles elevados de calprotectina, un biomarcador de inflamación intestinal, son comunes en personas mayores y en pacientes con diagnóstico confirmado de Alzheimer.
El eje intestino-cerebro y su relación con el Alzheimer
El eje intestino-cerebro es una vía bidireccional de comunicación que conecta el sistema nervioso central con el tracto gastrointestinal, involucrando al sistema inmunitario, endocrino y neural. Alteraciones en el microbioma intestinal, conocidas como disbiosis, pueden desencadenar una respuesta inflamatoria que alcanza el cerebro a través de señales neuroinmunitarias.
Estas respuestas pueden provocar neuroinflamación, una característica clave en la patogénesis del Alzheimer. Los estudios indican que la inflamación intestinal está vinculada con una mayor acumulación de amiloide-β y tau fosforilada en el cerebro, ambos biomarcadores clave del Alzheimer. Además, en personas con demencia tipo Alzheimer, se ha observado que el aumento de la inflamación intestinal está asociado con un mayor deterioro cognitivo.
Factores que contribuyen a la inflamación intestinal
La inflamación intestinal puede estar influenciada por diversos factores, como la dieta, el uso de medicamentos y el estilo de vida. El consumo frecuente de dietas altas en grasas y azúcares, el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones (PPIs) y el estrés crónico se han asociado con la disbiosis intestinal y el aumento de la inflamación.
Esta condición también puede favorecer la permeabilidad intestinal, conocida como “intestino permeable”, lo cual facilita el paso de bacterias y sus componentes hacia el sistema circulatorio, provocando una respuesta inflamatoria sistémica. La inflamación persistente puede alterar la integridad de la barrera hematoencefálica, permitiendo que compuestos tóxicos lleguen al cerebro y contribuyan a la progresión del Alzheimer.
Estrategias para prevenir la inflamación intestinal
Prevenir la inflamación intestinal podría ser una estrategia efectiva para reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Mantener una dieta rica en fibra y compuestos antiinflamatorios, como los ácidos grasos omega-3, puede contribuir a la salud del microbioma intestinal.
Además, la actividad física regular y la reducción del estrés han demostrado efectos positivos sobre la composición de la microbiota y la reducción de la inflamación sistémica. La suplementación con probioticos también podría favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal, disminuyendo así el riesgo de inflamación crónica y sus consecuencias sobre la salud cerebral.
- Heston, M. B., Hanslik, K. L., Zarbock, K. R. et al. (2023). Gut inflammation associated with age and Alzheimer’s disease pathology: a human cohort study. Scientific Reports.
