El corazón puede cambiar durante años sin que aparezcan síntomas evidentes. Comprender qué ocurre antes de una enfermedad cardiovascular podría ayudar a reconocer señales tempranas.
Para investigarlo, un equipo analizó datos de casi 488 000 personas. Comparó una señal de inflamación en la sangre con imágenes del corazón y registros médicos.
Quienes tenían niveles más altos de esa señal mostraban diferencias en la estructura y el funcionamiento cardíacos. También presentaron más eventos cardiovasculares durante el seguimiento.
Las imágenes mostraron cambios dentro del corazón
Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas de unos 70 000 participantes. Estas imágenes les permitieron observar el tamaño de las cavidades cardíacas y cómo bombeaban la sangre.
En las personas con mayor inflamación, las cavidades tendían a ser más pequeñas y las paredes del corazón, relativamente más gruesas. También se observaron cambios en su llenado.
El corazón expulsaba menos sangre con cada latido y, al mismo tiempo, latía algo más rápido. Esa combinación apareció incluso después de considerar otros factores de salud.
Para medir la inflamación, el equipo utilizó GlycA, una señal obtenida de un análisis de sangre que refleja la actividad de varias proteínas inflamatorias.
Las imágenes y el análisis de sangre muestran una relación entre ambos fenómenos. Por sí solos, no permiten establecer que la inflamación haya provocado los cambios cardíacos.
El riesgo cardiovascular aumentó durante el seguimiento
Tras unos 15 años de seguimiento, los investigadores compararon los eventos cardiovasculares registrados con los niveles de inflamación medidos en los participantes.
El grupo con los niveles más altos de GlycA presentó un riesgo un 43 % mayor que el grupo con los niveles más bajos.
La cifra corresponde a un conjunto de eventos que incluía infartos, derrames cerebrales, insuficiencia cardíaca, paros cardíacos y muertes por causas cardiovasculares.
Por eso, el 43 % no representa el aumento de riesgo de infarto o derrame cerebral por separado. Describe la diferencia observada para todos esos eventos juntos.
El equipo también examinó proteínas que podrían participar en esta relación. Algunas vinculadas con las señales inflamatorias IL-1 y TNF aparecieron asociadas con los cambios cardíacos.
Los genes y el entorno también influyeron
El estudio encontró que fumar, tener más grasa corporal, experimentar malestar psicológico y vivir en condiciones socioeconómicas desfavorables se relacionaba con mayores niveles de inflamación.
La relación no fue igual para todos. Según los análisis, las diferencias genéticas podían modificar la intensidad de la respuesta inflamatoria asociada con algunas de esas condiciones.
Esto ayuda a entender por qué una misma exposición puede acompañarse de niveles distintos de inflamación entre personas, aunque todavía quedan mecanismos por esclarecer.
Los investigadores también evaluaron si GlycA aportaba información al cálculo del riesgo cardiovascular. Al añadirla a otros factores conocidos, observaron una mejora modesta en la predicción.
El siguiente paso será comprobar en otros grupos de población si combinar esta señal de inflamación con información genética ayuda a identificar a quienes tienen mayor riesgo.
Corianò, M., Tahasildar, S., Huang, L., et al. (2026). Gene–environment interactions shape cytokine-mediated inflammation and cardiovascular risk. European Journal of Preventive Cardiology. DOI: 10.1093/eurjpc/zwag435




