Durante décadas se asumió que el cerebro alcanzaba su madurez alrededor de los 20 o 25 años. Hoy sabemos que esa idea es incompleta: el cerebro sigue cambiando y afinando sus circuitos durante mucho más tiempo.
Según un estudio publicado en Nature Communications, el cerebro mantiene un patrón de desarrollo prolongado que se extiende desde la niñez tardía hasta alrededor de los 32 años. El trabajo analiza cómo cambian las conexiones cerebrales en más de 4,000 personas de 0 a 90 años.
Los autores describen este periodo como una etapa prolongada de reorganización, en la que el cerebro es “adolescente” hasta los 32 años aproximadamente. Esto ayuda a explicar por qué muchas decisiones, rasgos emocionales y capacidades cognitivas se consolidan recién en la tercera década de vida.
¿El cerebro sigue adolescente hasta los 32 años?
El estudio identifica cuatro puntos de cambio clave en la vida: alrededor de los 9, 32, 66 y 83 años. Entre los 9 y los 32 años se observa una misma fase de desarrollo, a la que los autores se refieren como una etapa tipo “adolescencia” prolongada.
En esta franja, el cerebro mejora su capacidad de comunicación entre regiones lejanas. En términos sencillos, las áreas cerebrales coordinan mejor sus mensajes, lo que favorece funciones como la planificación, el autocontrol, la memoria de trabajo y la toma de decisiones complejas en la vida diaria.
Esto significa que el cerebro sigue adolescente hasta los 32 años en el sentido de que continúa reorganizándose y optimizando sus conexiones. No es inmadurez absoluta, sino un sistema en proceso de ajuste fino que todavía no alcanza su patrón más estable de funcionamiento.
Cómo se estudió el cerebro hasta los 90 años
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reunieron datos de difusión por resonancia magnética de 9 bases de datos diferentes. En total, analizaron 4,216 cerebros de personas sanas, desde recién nacidos hasta adultos mayores de 90 años.
Con estas imágenes construyeron “redes cerebrales”, donde cada región se representa como un nodo y cada conexión como un enlace. Luego aplicaron herramientas de teoría de grafos, una rama de las matemáticas que permite estudiar cómo se organiza una red, ya sea de neuronas o de comunicaciones.
Para simplificar, se centraron en tres aspectos: integración, que refleja lo bien que se comunican las regiones; segregación, que indica cuánta especialización tienen ciertos grupos de áreas; y centralidad, que muestra qué nodos funcionan como puntos clave para el flujo de información.
Por qué el cerebro es “adolescente” hasta los 32 años
Entre los 9 y los 32 años, la integración global aumenta: las rutas de comunicación se vuelven más cortas y eficientes. A la vez, algunas zonas se especializan más en tareas concretas. Es una combinación de mejor coordinación general y mayor especialización local.
Según el estudio, la medida que mejor distingue la edad en este periodo es la llamada “small-worldness”. En términos simples, describe un equilibrio óptimo entre eficiencia global y especialización local, algo muy característico de este modo “adolescente” del cerebro.
Esto respalda la idea de que el cerebro es adolescente hasta los 32 años, porque sigue ganando eficiencia y reorganizando sus redes durante toda la tercera década. El sistema nervioso todavía está afinando conexiones relacionadas con el control emocional, la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones.
Qué cambia en el cerebro después de los 32 años
Alrededor de los 32 años aparece el punto de giro más fuerte de todo el estudio. Desde esa edad, la integración global deja de aumentar y comienza a reducirse poco a poco, mientras que ciertos indicadores de segregación, como la modularidad, tienden a incrementarse.
En la práctica, esto significa que el cerebro entra en una fase más estable. Las redes ya no se vuelven cada vez más integradas, sino que empiezan a organizarse en grupos más definidos de regiones que trabajan juntas. Es una etapa relacionada con una mayor estabilidad cognitiva y conductual.
Los autores señalan que estos cambios coinciden con otros datos conocidos, como los picos de integridad de la sustancia blanca cercanos a los 32 años. La convergencia de estas evidencias refuerza la idea de que el inicio de la cuarta década marca un cambio claro en la organización cerebral.
Un experto revela cómo mantener el cerebro activo y joven a medida que envejecemos.
Conclusión
El trabajo muestra que el cerebro no deja de “madurar” en la adolescencia clásica, sino que mantiene un modo organizativo juvenil hasta alrededor de los 32 años. En este periodo, el cerebro sigue adolescente hasta los 32 años y todavía se está ajustando de forma activa.
Comprender que el cerebro es adolescente hasta los 32 años ayuda a interpretar mejor ciertas conductas, cambios de vida y decisiones que muchas personas toman en esa etapa. También sugiere que la educación, la salud mental y el entorno social pueden aprovechar esta ventana prolongada de plasticidad.
