Un reciente estudio publicado en Science ha revelado una serie de interruptores genéticos no codificantes que podrían transformar nuestra comprensión del metabolismo humano. Estos elementos actúan como reguladores clave del comportamiento metabólico, influenciando factores como el apetito, el aumento de peso, el gasto energético y la tendencia al letargo.
Lo más asombroso es que estos interruptores parecen tener un origen evolutivo ancestral, relacionados con mecanismos de supervivencia como la hibernación. Aunque originalmente presentes en animales que reducen su actividad para conservar energía, estos genes siguen activos en los humanos, lo que sugiere que podrían estar influyendo en nuestra biología de formas que apenas estamos comenzando a entender.
Sí, como lo lees: tu cuerpo podría conservar rastros genéticos de la capacidad de hibernar, al igual que lo hacen osos, ardillas y otros mamíferos que se “apagan” durante el invierno para sobrevivir con poca energía.
La clave está en unos interruptores genéticos silenciosos pero poderosos
Estos interruptores, conocidos científicamente como elementos cis reguladores o CRE por sus siglas en inglés, no son genes que produzcan proteínas. Son fragmentos de ADN que funcionan como controladores, regulando qué genes se activan y cuándo. Son como los botones que encienden o apagan funciones en nuestro cuerpo.
El equipo de investigación comparó cerebros de ratones con los de ardillas hibernantes, enfocándose en una región clave: el hipotálamo, que es la zona del cerebro que regula el hambre, la temperatura corporal y el gasto de energía.
Ahí encontraron una gran concentración de estos CRE en zonas del ADN relacionadas con el metabolismo, especialmente cerca de un conocido gen llamado FTO, que ya ha sido vinculado en estudios previos con la obesidad en humanos.
Pequeños cambios con grandes efectos en la forma de comer y almacenar grasa
En una segunda etapa del experimento, los científicos eliminaron selectivamente algunos de estos interruptores en ratones de laboratorio. ¿Qué pasó? Los resultados fueron sorprendentes.
Dependiendo de qué CRE se eliminaba, los ratones presentaban comportamientos distintos: unos comían más, otros almacenaban más grasa, algunos se volvían más inactivos, e incluso hubo cambios en la forma en que respondían al frío o al ayuno. En otras palabras, estos pequeños fragmentos de ADN están directamente conectados con la manera en que el cuerpo se adapta al entorno y administra su energía.
Cada interruptor tenía un efecto distinto, pero todos influían en genes clave como FTO, Irx3 e Irx5, todos ellos relacionados con el metabolismo y el desarrollo de tejido graso.
El “modo hibernación” podría estar en los humanos, aunque no lo usemos
Aunque los humanos no hibernan, compartimos una gran parte del genoma con otros mamíferos. Este estudio sugiere que nuestra capacidad metabólica tiene raíces evolutivas profundas y que quizás nuestros cuerpos aún conservan algunos mecanismos “hibernadores” ocultos.
Por ejemplo, es posible que estos interruptores genéticos estén activos en momentos de estrés extremo, enfermedades prolongadas o durante el sueño profundo. También podrían estar más presentes o más activos en personas con tendencia a ganar peso fácilmente, sentirse sin energía o tener dificultad para activar el gasto calórico.
Este tipo de regulación metabólica podría haber sido útil en épocas de escasez, cuando conservar energía era clave para sobrevivir. Hoy en día, en un mundo con comida abundante y estilos de vida sedentarios, estos mismos mecanismos podrían jugar en contra de nuestra salud.
Un nuevo enfoque para tratar la obesidad y los trastornos metabólicos
Este descubrimiento abre la puerta a una nueva forma de ver la salud metabólica. En lugar de pensar solamente en calorías, ejercicio o hábitos, podríamos comenzar a mirar qué interruptores genéticos están activos en cada persona.
“Estos elementos cis reguladores podrían ser la clave para explicar por qué algunas personas aumentan de peso más fácilmente, o por qué otras luchan con la fatiga crónica o el apetito descontrolado”, explican los autores del estudio.
Si en el futuro logramos identificar cómo encender o apagar estos interruptores de forma segura, podríamos diseñar tratamientos personalizados para combatir enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 o incluso la depresión estacional, que también está ligada al ritmo metabólico y la energía corporal.
Las células grasas «recuerdan» la obesidad y dificultan mantener el peso perdido.
Conclusión
Este estudio no solo arroja luz sobre el mundo animal, sino que también revela una conexión genética insospechada entre humanos y especies que hibernan. La existencia de estos interruptores genéticos demuestra que el metabolismo no depende solo de lo que comemos o cuánto nos movemos, sino también de programas ancestrales que siguen activos —o dormidos— dentro de nuestro ADN.
Comprender estos mecanismos podría cambiar radicalmente la medicina metabólica en el futuro. En lugar de tratar los síntomas, podríamos ir directamente al “código de control” del cuerpo. Y lo más fascinante es que este código ha estado con nosotros desde hace millones de años, esperando ser entendido.
- Steinwand, S., et al. (2025). Conserved noncoding cis elements associated with hibernation modulate metabolic and behavioral adaptations in mice. Science, 389(6759), 501–507. DOI:10.1126/science.adp4701.




