Durante décadas, los científicos observaron algo desconcertante: los niños criados en granjas desarrollaban menos asma, alergias y fiebre del heno.
La explicación apuntaba al contacto temprano con microorganismos, pero faltaba identificar cuáles eran y cómo influían realmente sobre el sistema inmunológico infantil.
Ahora, un estudio publicado en NEJM Evidence identificó bacterias concretas del ambiente rural asociadas con gran parte de esa protección natural.
Las bacterias detrás del efecto granja
Los investigadores analizaron polvo de colchones perteneciente a 1.018 escolares de zonas rurales del sur de Alemania, incluidos niños criados en granjas.
También estudiaron polvo recogido en establos de vacas y compararon la presencia de bacterias, hongos, metabolitos y señales inmunológicas relacionadas con el asma.
El análisis permitió identificar nueve grupos de bacterias grampositivas vinculadas con la menor frecuencia de asma observada entre los niños expuestos al entorno agrícola.
En conjunto, estas bacterias explicaron aproximadamente dos tercios de la asociación inversa entre vivir en granjas y desarrollar asma durante la infancia.
Además, representaron cerca de la mitad del efecto relacionado con la fiebre del heno y el eccema atópico, según los investigadores.
Del intestino bovino hasta las vías respiratorias
Entre las especies identificadas aparecen Romboutsia timonensis y Glutamicibacter arilaitensis, microorganismos asociados con el tracto digestivo de las vacas.
Desde allí, las bacterias pueden llegar al estiércol, mezclarse con el polvo y quedar suspendidas en el aire de los establos.
Los niños que viven cerca de estos animales inhalan pequeñas cantidades de ese material y también pueden transportarlo hasta sus propias habitaciones.
Las bacterias producen o transforman sustancias como quinurenina, xantina, ácido alfa-linolénico y ácido estearidónico, detectadas posteriormente en el polvo agrícola.
Esos compuestos pueden entrar en contacto con las células respiratorias y activar receptores involucrados en el control de la inflamación.
Un sistema inmunológico menos reactivo
Los receptores identificados, conocidos como AhR y PPARγ, participan en procesos que ayudan a regular la intensidad de las respuestas inmunológicas.
Su activación moderada podría enseñar al organismo infantil a tolerar mejor estímulos inofensivos, evitando reacciones inflamatorias desproporcionadas en las vías respiratorias.
Ese proceso ayudaría a explicar por qué algunos niños desarrollan menos asma y alergias cuando crecen expuestos a una mayor diversidad microbiana.
Los autores también encontraron interacciones entre variantes genéticas infantiles y la exposición bacteriana, reforzando la conexión entre ambiente, metabolismo e inmunidad.
El objetivo a futuro será reproducir este efecto protector mediante estrategias preventivas seguras, sin necesidad de que los niños vivan dentro de una granja.




