Una taza de café contiene mucho más que una sustancia estimulante. Sus distintos compuestos interactúan con el organismo, aunque todavía se investigan muchos de sus efectos.
Investigadores de la Universidad de Cork, en Irlanda, encontraron cambios en los microbios intestinales y en algunas medidas de memoria al estudiar personas que consumían café.
Parte de esos cambios apareció también con café descafeinado, lo que sugiere que otros componentes de la bebida participan en sus efectos sobre el organismo.
Qué ocurrió al dejar y retomar el café
La investigación, publicada en Nature Communications, incluyó a 62 adultos sanos. La mitad tomaba habitualmente entre tres y cinco tazas diarias; los demás no consumían café.
Primero compararon ambos grupos. Después, los 31 consumidores habituales suspendieron el café durante dos semanas y lo retomaron durante otras tres, siguiendo las indicaciones del estudio.
Durante esa última etapa, 16 participantes recibieron café con cafeína y 15 tomaron descafeinado. Quienes no consumían café participaron únicamente en la comparación inicial entre grupos.
Los investigadores analizaron muestras de heces, sangre y orina, además de pruebas cognitivas y cuestionarios sobre sueño, actividad física, estrés y respuestas emocionales de los participantes.
Esta combinación permitió seguir los cambios intestinales y cognitivos durante la suspensión y el regreso al consumo, además de comparar los resultados de ambas bebidas.
Los microbios intestinales cambiaron también con el descafeinado
Al comienzo, los consumidores habituales tenían una composición de microbios intestinales diferente. Algunas bacterias eran más abundantes, mientras ciertas sustancias presentes en las heces estaban reducidas.
Entre esas sustancias figuraba el GABA, que participa en la comunicación entre células nerviosas. El análisis midió su presencia en las heces, no en el cerebro.
Tras dos semanas sin café, algunos cambios en las sustancias fecales se revirtieron. También disminuyó una bacteria que había sido más abundante entre los consumidores habituales.
Cuando retomaron la bebida, volvieron a registrarse cambios en determinadas poblaciones bacterianas. Esto ocurrió tanto con café con cafeína como con descafeinado durante las tres semanas.
Los resultados muestran que la cafeína no explica por sí sola esas modificaciones intestinales. El café también contiene otros compuestos que los microbios pueden transformar.
La memoria mostró diferencias según el café consumido
Al terminar el seguimiento, quienes recibieron descafeinado mejoraron en varios componentes de una prueba de memoria que evaluaba su capacidad para aprender y recordar palabras.
También cometieron menos errores en otra prueba que exigía recordar dónde aparecían imágenes. En el grupo que recibió cafeína no se observaron esas mismas mejoras.
Los participantes que tomaron descafeinado también reportaron mejor sueño y mayor actividad física. Los autores plantean que ambos cambios podrían haber contribuido a los resultados de memoria.
Por su parte, quienes recibieron cafeína mostraron menor ansiedad y mejoras en una prueba de atención. Ambos grupos registraron reducciones en medidas de estrés e impulsividad.
Para futuras investigaciones, los autores proponen estudiar conjuntamente el tipo de café y la composición de los microbios intestinales, considerando las diferencias individuales al procesar sus compuestos.




