El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores más difíciles de tratar, pero un fármaco experimental mostró un efecto muy llamativo en laboratorio.
En lugar de limitarse a frenar el crecimiento, el compuesto alteró el equilibrio interno de las células tumorales hasta llevarlas a activar su propia muerte.
Además, redujo su capacidad para desplazarse, invadir tejidos y mantener la estructura que necesitan para extenderse por el organismo.
Un ataque dirigido contra KRAS
Los investigadores probaron una familia de compuestos llamados PCAIs en células humanas de cáncer de páncreas con mutaciones en KRAS.
KRAS funciona como un interruptor que regula el crecimiento celular. Cuando queda alterado, puede mantenerse encendido y favorecer la multiplicación descontrolada.
Entre los compuestos evaluados, NSL-YHJ-2-27 fue uno de los más eficaces para reducir la supervivencia de las células tumorales.
El fármaco fue diseñado para interferir con proteínas que ayudan a KRAS a enviar señales dentro de la célula cancerosa.
Eso resulta importante porque las mutaciones de KRAS aparecen con enorme frecuencia en el cáncer de páncreas y suelen dificultar el tratamiento.
El tumor terminó activando su muerte
El efecto más sorprendente apareció en dos rutas celulares relacionadas con el crecimiento y la supervivencia del cáncer: MAPK y PI3K/AKT.
En vez de apagarlas por completo, el fármaco las llevó a un nivel de actividad que terminó alterando el funcionamiento de la célula.
Esa sobrecarga aumentó la producción de especies reactivas de oxígeno, moléculas que dañan componentes celulares cuando se acumulan en exceso.
Al mismo tiempo, se elevaron proteínas vinculadas con la apoptosis, el proceso mediante el cual una célula activa de forma organizada su propia eliminación.
En modelos tridimensionales parecidos a pequeños tumores, el tratamiento redujo las células vivas y provocó la desintegración progresiva de los esferoides.
También frenó su capacidad de avanzar
El compuesto redujo más del 90 % de la migración celular en uno de los modelos estudiados, un paso relacionado con la expansión tumoral.
También disminuyó hasta 96 % la invasión de los esferoides dentro de una matriz utilizada para reproducir parte del entorno tumoral.
Las células tratadas perdieron filamentos de actina, estructuras internas que mantienen su forma y les permiten desplazarse hacia otros tejidos.
Al perder ese soporte, comenzaron a redondearse, retraerse y mostrar mayores espacios entre ellas, señales de que su capacidad de movimiento estaba disminuyendo.
Los resultados proceden de células y modelos tumorales cultivados en laboratorio. El siguiente paso será comprobar su eficacia y seguridad en animales.




