Después de comer, la glucosa en sangre aumenta y el organismo debe regularla. Esa respuesta permite mantener disponible una fuente de energía para las células.
Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén descubrieron que este proceso era más eficiente cuando los participantes comían junto a su pareja que a solas.
La glucosa aumentaba menos y regresaba más rápido hacia su nivel inicial. Los resultados, publicados en Science Advances, muestran que la cercanía social influye en esta regulación.
La misma comida produjo respuestas corporales diferentes
El experimento sobre glucosa incluyó a 108 adultos sin diabetes ni prediabetes, integrantes de 54 parejas que llevaban al menos nueve meses de relación.
Cada participante realizó dos pruebas el mismo día, una a solas y otra con su pareja. El orden se asignó aleatoriamente para equilibrar las condiciones.
En ambas ocasiones consumieron 102 gramos de pan blanco, equivalentes a 50 gramos de carbohidratos. Los investigadores siguieron sus niveles de glucosa durante dos horas.
Al comparar ambas situaciones en cada persona, la respuesta acumulada de glucosa fue, en promedio, un 14,55 % menor cuando estaba acompañada de su pareja.
Esa medida combina cuánto sube la glucosa y cuánto dura la elevación. La diferencia apareció pese a que los participantes consumieron la misma cantidad de carbohidratos.
El contacto físico no explicó el resultado
Durante las pruebas acompañadas, las parejas podían interactuar libremente o permanecer juntas en silencio. El equipo registró el contacto físico para analizar su posible influencia.
La ventaja en la regulación de glucosa se mantuvo al considerar ese contacto, por lo que los resultados no se explicaban simplemente por tocarse.
Los investigadores también evaluaron la respuesta fisiológica al estrés mediante cambios eléctricos en la piel, una señal relacionada con la actividad de las glándulas sudoríparas.
Esta medición no mostró diferencias significativas de estrés entre comer solos o acompañados. Además, el efecto sobre la glucosa persistió al incorporar ese indicador al análisis.
La diferencia también se mantuvo al considerar factores como la duración de la comida, el índice de masa corporal y los niveles habituales de glucosa.
La cercanía también influyó ante otros desafíos
El equipo extendió las pruebas a otros procesos corporales. En un experimento con 116 adultos, evaluó los cambios de temperatura de la piel durante una exposición al frío.
La presencia de la pareja redujo la alteración térmica. En otra prueba con 115 adultos, también disminuyó la respuesta fisiológica ante pequeñas descargas eléctricas.
Un experimento adicional con 56 bebés encontró una respuesta al estrés más moderada ante un sonido desagradable cuando sus madres estaban presentes en la habitación.
Los autores denominan «fisiología social» a esta influencia de la cercanía sobre el equilibrio interno. Las pruebas evaluaron vínculos cercanos y respuestas inmediatas del organismo.
Entre los próximos pasos plantean identificar los mecanismos biológicos involucrados y estudiar si estos efectos se mantienen con el tiempo y contribuyen a beneficios duraderos.




