Los medicamentos utilizados para tratar la esquizofrenia y el trastorno bipolar ayudan a controlar sus síntomas, pero también pueden producir cambios en la salud física.
Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry encontró que, después de iniciar un tratamiento con antipsicóticos, el peso y el azúcar en sangre tendían a aumentar.
Los cambios se concentraron en los primeros tres meses y variaron según el medicamento, el sexo y los niveles de glucosa anteriores al tratamiento.
Los primeros tres meses concentran mayores cambios
La investigación analizó registros médicos de 96 849 adultos de Inglaterra, de entre 18 y 59 años, con enfermedades mentales graves y sin diabetes tipo 2 previa.
Los investigadores compararon la evolución del peso y de la hemoglobina glucosilada, una medición que refleja los niveles promedio de azúcar en sangre durante los últimos meses.
Durante los primeros 90 días, el peso aumentó a un ritmo promedio de 0,21 kilogramos por semana, frente a los 0,02 registrados antes del tratamiento.
La hemoglobina glucosilada también subió más rápidamente durante ese periodo. Sin embargo, disponer de mediciones de peso no significaba que cada paciente tuviera análisis de glucosa.
Después del tercer mes, ambos aumentos se hicieron más lentos. Esa desaceleración no significó que el peso o el azúcar regresaran a sus valores iniciales.
Los cambios varían según el medicamento utilizado
Entre los medicamentos analizados, la olanzapina presentó los mayores aumentos iniciales de peso y hemoglobina glucosilada. Las mujeres también mostraron incrementos generalmente superiores a los hombres.
En las mujeres que recibieron olanzapina, el aumento promedio estimado de peso fue de 4,39 kilogramos durante los primeros 90 días; en hombres, de 3,27.
La quetiapina mostró un patrón diferente: se relacionó con un aumento de peso, mientras que los cambios en la hemoglobina glucosilada fueron pequeños en promedio.
Esto ayuda a comprender por qué el peso, por sí solo, no permite saber cómo está cambiando el azúcar en sangre durante el tratamiento.
Los resultados describen asociaciones observadas en la atención habitual. No todos los pacientes experimentaron los mismos cambios ni todos los medicamentos mostraron el mismo patrón.
La prediabetes requiere especial atención durante el tratamiento
Los investigadores también examinaron qué ocurrió con quienes ya tenían prediabetes: niveles de azúcar superiores a lo normal, aunque todavía inferiores al umbral de diabetes.
Entre 918 personas con prediabetes inicial, 126 desarrollaron diabetes tipo 2 durante el seguimiento. Entre 9171 con valores iniciales normales, se registraron 152 casos.
Estas diferencias muestran que los niveles de glucosa anteriores al tratamiento ayudan a identificar a quienes podrían necesitar un seguimiento más cercano desde el comienzo.
Los autores proponen medir tanto el peso como la hemoglobina glucosilada antes de iniciar el tratamiento y repetir ambas evaluaciones alrededor de las doce semanas.
Detectar cambios tempranos permite ofrecer apoyo con la alimentación y la actividad física, además de revisar con el equipo médico las opciones de tratamiento.




