Los fósiles conservan pistas sobre la apariencia de nuestros antepasados. La forma del cráneo permite estimar rasgos del rostro que desaparecieron hace miles de años.
A partir de restos de Jebel Irhoud, en Marruecos, un equipo encabezado por Cicero Moraes reconstruyó cómo pudo verse un Homo sapiens hace 315 mil años.
La reconstrucción facial presenta una apariencia humana. El trabajo, publicado en Heritage, combina anatomía, técnicas forenses y herramientas digitales para representar aquellos rasgos antiguos.
Los fósiles que dieron forma al rostro
El yacimiento de Jebel Irhoud alberga algunos de los fósiles más antiguos atribuidos a nuestra especie. Su antigüedad fue establecida mediante investigaciones publicadas en 2017.
El primer cráneo apareció en 1961, durante actividades mineras. Inicialmente fue interpretado como una variante africana de neandertal, antes de que nuevas investigaciones revisaran su clasificación.
Para reconstruir el rostro, los autores utilizaron un modelo digital compuesto por varios fósiles del mismo nivel arqueológico, con estructuras que podían integrarse entre sí.

La principal referencia fue Irhoud 1, que conserva buena parte del cráneo y la región superior del rostro. Otros restos permitieron completar las estructuras ausentes.
Por ello, la imagen resultante representa una aproximación basada en varios individuos de Jebel Irhoud, aunque la mayor parte de su estructura procede de Irhoud 1.
Cómo reconstruyeron el rostro de Homo sapiens
Los investigadores trabajaron con Blender y herramientas complementarias de código abierto. Estos programas permitieron organizar el cráneo tridimensional y modelar los tejidos que lo cubrían.
Como referencia anatómica emplearon una tomografía de un adulto actual. Su modelo fue adaptado digitalmente a las dimensiones y particularidades del cráneo fósil reconstruido.
Después incorporaron proyecciones anatómicas y datos sobre tejidos faciales de humanos actuales. Así estimaron la posición y el contorno de distintas partes de la cara.
El procedimiento permitió construir una aproximación facial vinculada a la estructura ósea, desde la disposición de los ojos hasta la proyección de la región nasal.
También estimaron el espacio interior del cráneo en unos 1364 mililitros, una capacidad compatible con las variaciones documentadas entre humanos actuales y estudios anteriores del fósil.
Dos versiones para representar una apariencia antigua
El equipo produjo una primera versión en tonos grises, sin cabello ni barba. Esta presentación permite observar los rasgos faciales derivados del trabajo anatómico.
La segunda versión incorpora color de piel, cabello y vello facial. Estos elementos artísticos ofrecen una representación más cercana a la apariencia de una persona.
La pigmentación y el aspecto del pelo corresponden a elecciones interpretativas apoyadas en referencias antropológicas; los fósiles utilizados no conservan evidencia directa de esos detalles.

El parecido visual convive con una anatomía craneal antigua: los restos presentan una combinación de rasgos faciales modernos y una forma cerebral diferente de la actual.
Los modelos digitales quedaron disponibles para su descarga, de modo que otros investigadores puedan examinar las estructuras reconstruidas y utilizarlas en nuevos análisis anatómicos.




