¿Alguna vez imaginaste que las plantas y los hongos pueden “hablar” o “cantar”? Aunque no tienen boca ni cuerdas vocales, recientes investigaciones científicas han descubierto que estos organismos generan señales eléctricas internas que pueden ser transformadas en sonidos o música. Este fascinante hallazgo abre una ventana para comprender cómo se comunican y responden al mundo que los rodea.
Señales eléctricas en hongos y plantas: ¿una forma de comunicación?
Así como nuestro corazón late y nuestro cerebro envía impulsos eléctricos para que nuestro cuerpo funcione, las plantas y los hongos también producen variaciones eléctricas en sus células. Estas señales, llamadas “impulsos eléctricos” o “spikes”, son pequeños cambios en el voltaje que recorren sus tejidos, y que parecen ser una manera en que estos organismos procesan información y responden a estímulos.
Un equipo de investigadores, liderado por Andrew Adamatzky, publicó un estudio en el repositorio científico arXiv. En este trabajo, el equipo analizó varias especies de hongos, incluyendo Omphalotus nidiformis, Flammulina velutipes, Schizophyllum commune y Cordyceps militaris. Usaron sensores especiales para medir las fluctuaciones eléctricas dentro de los cuerpos de estos hongos.
Los resultados fueron sorprendentes: las señales eléctricas se presentaban en forma de “picos” o “spikes” que variaban en duración y frecuencia, y muchas veces se organizaban en patrones o trenes que podrían ser comparados con señales de comunicación. Esto sugiere que los hongos pueden tener un sistema de comunicación eléctrica interno que hasta ahora estaba poco explorado.
De señales eléctricas a música
La parte más llamativa de este estudio es la sonificación, es decir, la transformación de estos impulsos eléctricos en sonidos audibles para el ser humano. Para esto, los investigadores conectaron los sensores que registraban los impulsos eléctricos a equipos electrónicos y sintetizadores musicales que traducían esas señales en notas, tonos y ritmos.
El resultado es una música “viva”, que proviene directamente de los procesos internos de los hongos. Esta música no es compuesta por humanos, sino que es un reflejo directo de la actividad eléctrica natural de estos organismos.
Pero no solo los hongos han sido “musicalizados”. Proyectos similares en plantas también están en marcha. Por ejemplo, artistas y científicos han usado sensores para captar las señales eléctricas de raíces, hojas y tallos, convirtiéndolas en piezas sonoras que permiten “escuchar” cómo las plantas reaccionan a su entorno o a estímulos externos.
¿Qué podemos aprender con esta música natural?
Aunque puede parecer solo un experimento curioso o artístico, escuchar los impulsos eléctricos de hongos y plantas tiene un valor científico real. Los patrones de sonido obtenidos reflejan cambios en la actividad bioeléctrica de estos organismos, que pueden estar relacionados con su estado de salud, respuesta a estrés ambiental, interacción con otras especies o procesos de crecimiento.
Por ejemplo, si un hongo está bajo amenaza o en un entorno desfavorable, los cambios en sus impulsos eléctricos podrían alterar la música que genera. Esto abre la posibilidad de usar estas señales como indicadores para monitorear la salud de ecosistemas naturales o cultivos agrícolas de manera no invasiva.
Además, al estudiar cómo se comunican los hongos a través de señales eléctricas, podemos entender mejor sus redes subterráneas, que juegan un papel clave en la fertilidad del suelo y en la salud de las plantas a su alrededor.
Aplicaciones prácticas y artísticas
Este descubrimiento tiene aplicaciones diversas:
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Monitoreo ambiental: Detectar cambios en el ecosistema mediante la música de las plantas y hongos para prevenir daños ambientales o pérdidas agrícolas.
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Educación y divulgación: Usar la sonificación para acercar a la gente al mundo invisible de la biología y fomentar el respeto por la naturaleza.
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Arte y cultura: Crear conciertos o instalaciones artísticas donde el público pueda experimentar la música que surge de la vida vegetal y fúngica, promoviendo un vínculo emocional con el medio ambiente.
Este enfoque interdisciplinario entre ciencia, tecnología y arte ayuda a divulgar conocimientos complejos de forma sencilla y atractiva.
Por primera vez documentan un hongo creciendo directamente del cuerpo de una rana viva.
Reflexiones finales
Aunque la idea de que plantas y hongos “canten” puede sonar a ciencia ficción, la realidad es que la bioelectrónica y la sonificación nos permiten escuchar y entender mejor cómo estos organismos interactúan con su entorno. Estas señales eléctricas son como un lenguaje que todavía estamos comenzando a descifrar.
El estudio de Andrew Adamatzky y su equipo, publicado en arXiv, es un paso importante para reconocer que la comunicación en la naturaleza no es solo verbal o visible, sino también eléctrica y sonora. Este conocimiento nos invita a apreciar la naturaleza con nuevos sentidos y a valorar la complejidad de la vida que nos rodea.
