El 5 de marzo del año 2000, una historia conmocionó al mundo médico y al público general por igual. En una remota comunidad zapoteca de Oaxaca – México, una mujer se realizó una cesárea a sí misma y, contra todo pronóstico, sobrevive junto con su hijo recién nacido. El suceso, documentado con rigor científico, sacó a la luz las profundas desigualdades en salud materna que persisten en zonas rurales.
Aunque pueda parecer un hecho único, el caso expone realidades que aún afectan a millones de gestantes. Falta de centros obstétricos, carencia de transporte y pobreza estructural llevaron a esta madre a tomar una decisión extrema para evitar repetir la pérdida de un feto que había sufrido dos años antes.
Hoy, más de dos décadas después, la pregunta sigue vigente: ¿qué factores sociomédicos pueden empujar a alguien a practicar una autocirugía tan compleja? Comprenderlos es clave para reducir la mortalidad materna y neonatal en regiones desatendidas.
¿Qué ocurrió en Oaxaca en el año 2000?
Según el estudio publicado en International Journal of Gynecology and Obstetrics, la protagonista—Inés Ramírez Pérez, de 40 años y madre de siete hijos—entró en labor de parto sin asistencia sanitaria, a ocho horas por carretera del hospital más cercano. La dilatación no avanzaba y el recuerdo de un hijo perdido por obstrucción la atormentaba.
Tras doce horas de dolor intenso y sin ayuda disponible, Ramírez tomó tres tragos de licor para amortiguar el dolor. Con un cuchillo de cocina, realizó una incisión diagonal de unos 17 cm en su abdomen, seccionó el útero y extrajo a su bebé, que lloró al salir, signo de viabilidad inmediata.
En menos de una hora perdió la conciencia por la fatiga y la hemorragia. Uno de sus hijos corrió a buscar a la partera local, quien improvisó suturas con aguja de coser e hilo de algodón antes de emprender un viaje de ocho horas hasta el hospital general de San Pablo Huixtepec.
Causas que llevaron a la mujer a practicar una autocesárea
Diversos factores convergieron para que una mujer se realiza una autocesárea. Primero, la inaccesibilidad geográfica: carreteras sin pavimentar y ausencia de ambulancias vuelven casi imposible el traslado urgente. Segundo, la pobreza extrema impide costear transporte privado o servicios obstétricos.
La falta de educación prenatal también jugó un rol. Sin controles prenatales regulares, la gestante desconocía la posición y el tamaño exacto del feto, lo cual aumenta el riesgo de distocia. El temor a repetir la pérdida fetal anterior generó un estrés psicológico capaz de nublar los riesgos personales.
Por último, intervienen factores culturales. En muchas comunidades, el parto se concibe como un proceso que debe resolverse en casa con ayuda de parteras tradicionales. Cuando surgen complicaciones, las mujeres suelen quedarse sin alternativas viables, lo cual puede llevarlas a tomar decisiones extremas.
Descripción paso a paso de la cirugía autoinducida
El reporte clínico detalla que la paciente se tumbó en un banco, se estabilizó con una venda alrededor del abdomen y, con movimientos firmes, cortó tejido subcutáneo, fascia y peritoneo hasta exponer el útero. Para minimizar el sangrado, se mantuvo en posición semi‑sentada que comprimía vasos abdominales.
Posteriormente, realizó una histerotomía longitudinal alejándose de la línea media para evitar la placenta y redujo así el riesgo de hemorragia masiva. Este conocimiento anatómico provino de experiencias previas en el sacrificio de animales para consumo familiar.
Tras extraer al neonato, colocó el útero dentro de la cavidad y presionó la herida con un paño limpio. Aun sin material estéril ni analgésicos, la rapidez del procedimiento y la ausencia de cortes vasculares mayores favorecieron la supervivencia inicial.
Riesgos médicos de una autocesárea: hemorragia, infección y shock
En circunstancias ordinarias, una cesárea requiere un quirófano, anestesia regional, hemoderivados y un equipo multidisciplinario. Una intervención sin estas garantías expone a la madre a hemorragia exanguinante, peritonitis, sepsis y shock hipovolémico.
De acuerdo al estudio publicado, la paciente llegó al hospital con evisceración de asas intestinales y suturas caseras que aumentaban la posibilidad de infección. Sin embargo, una irrigación abundante, antibióticos de amplio espectro y dos laparotomías consiguieron controlar la contaminación peritoneal y liberar adherencias intestinales.
A pesar de la pérdida sanguínea estimada en 2 litros, no presentó coagulación intravascular diseminada. Esto se atribuye a la rápida compresión abdominal que retardó la hemorragia y a la pronta restauración de volumen intravascular al ingreso hospitalario.
Intervención hospitalaria y recuperación
Dieciséis horas después de la autocesárea, los cirujanos repararon el útero, exploraron vísceras y practicaron salpingo‑oclusión a petición de la paciente. Colocaron drenajes y administraron terapia triple antibiótica. El posoperatorio se complicó con íleo paralítico que requirió una segunda laparotomía.
Durante su estancia, la madre comenzó a amamantar, lo que favoreció la liberación de oxitocina y ayudó a la involución uterina. El neonato mostró Apgar de 7/9 y ganancia ponderal adecuada, evidencia de que la agresión quirúrgica no afectó su vitalidad inmediata.
Al décimo día postquirúrgico, la mujer fue dada de alta sin signos de infección. Cuatro semanas después, la cicatriz había cerrado y podía realizar actividades cotidianas, un desenlace sorprendentemente favorable dadas las circunstancias iniciales.
Lecciones para la salud pública rural
Este caso ilustra la urgencia de fortalecer la red de atención obstétrica en zonas remotas. Programas como las Casas de Espera Materna—albergues cercanos a hospitales—han demostrado reducir complicaciones al acercar a las gestantes en fases finales de embarazo a servicios especializados.
Asimismo, la capacitación de parteras tradicionales en reconocimiento temprano de riesgo obstétrico puede acelerar las derivaciones. Invertir en transporte comunitario y subsidios al combustible también minimiza demoras fatales.
Finalmente, las políticas de salud deben enfocarse en educación prenatal, planificación familiar y empoderamiento femenino. Cuando se garantizan controles regulares y acceso a métodos anticonceptivos, disminuyen tanto las gestaciones de alto riesgo como las decisiones desesperadas.
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Conclusión
El caso de Inés Ramírez, quien se realizó una cesárea a sí misma y salva a su bebé, es un testimonio de valentía, pero también un llamado de atención. Ninguna madre debería verse obligada a arriesgar su vida por la falta de atención sanitaria básica.
Los hallazgos del estudio citado demuestran que, aunque la naturaleza humana puede llegar a gestas extraordinarias, la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. Garantizar cobertura obstétrica universal no solo evita tragedias, sino que también protege futuros proyectos de vida madre‑hijo.
- Molina‑Sosa, A., Galvan‑Espinosa, H., Gabriel‑Guzman, J., & Valle, R. F. (2004). Self‑inflicted cesarean section with maternal and fetal survival. International Journal of Gynecology & Obstetrics. DOI: 10.1016/j.ijgo.2003.08.018
