En el mundo de la investigación científica, los laboratorios suelen ser sinónimo de innovación, seguridad y precisión. Sin embargo, incluso en estos entornos controlados, pueden ocurrir accidentes inesperados que cambian el curso de una vida.
Este fue el caso de una joven científica de 26 años que, durante una rutina experimental en un laboratorio de San Diego, se inyectó un virus modificado genéticamente sin querer. Este incidente reveló graves riesgos biológicos y provocó una reacción que ni ella ni sus colegas anticiparon.
El virus implicado fue el vaccinia, una versión del virus usado tradicionalmente en la vacuna contra la viruela. Aunque se creía que era poco virulento, lo ocurrido demuestra que incluso los virus modificados pueden desencadenar respuestas corporales peligrosas y duraderas.
El accidente en el laboratorio
La científica trabajaba en un proyecto que implicaba inyectar al virus vaccinia (VACV) en ratones para fines de investigación. Durante este proceso, sufrió una punción accidental con la misma aguja que había usado para inocular a un ratón.
Lo que inicialmente pareció un accidente menor se convirtió en una emergencia médica. La científica, quien había rechazado la vacunación preventiva contra VACV pese a ser recomendada para trabajadores de laboratorio, notó que su dedo comenzó a inflamarse y apareció una lesión dolorosa.
Aunque actuó rápidamente lavando la herida y acudiendo a un centro de salud, no fue sino hasta el día 10 después de la infección que se activaron verdaderamente los protocolos. Para ese momento, ya había fiebre, linfadenopatía y una progresiva necrosis en el dedo.
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Qué es el virus vaccinia y por qué se sigue usando hoy
El virus vaccinia es un orthopoxvirus emparentado con el virus de la viruela. Ha sido utilizado durante años en la elaboración de vacunas, debido a que puede estimular una fuerte respuesta inmune sin causar la enfermedad mortal original.
Actualmente, también se emplea como vector en el desarrollo de vacunas experimentales y en algunas terapias contra el cáncer. A menudo es modificado genéticamente para reducir su virulencia o para insertar genes de interés terapéutico.
Sin embargo, como muestra este caso, que alguien se inyectó un virus modificado genéticamente no implica que sea inocuo. De hecho, los virus recombinantes pueden tener efectos inesperados en humanos, sobre todo si se introducen por vías no planificadas, como un pinchazo accidental.
Una respuesta clínica sin precedentes
Frente a la gravedad de los síntomas y el temor de una infección invasiva, los especialistas del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) tomaron una decisión innovadora: administrar tecovirimat, un antiviral aprobado para tratar la viruela.
Según el estudio publicado en el Morbidity and Mortality Weekly Report, esta fue la primera vez que se usó tecovirimat para tratar una infección por VACV adquirida en laboratorio. También se suministró inmunoglobulina intravenosa contra vaccinia (VIGIV) para reforzar el sistema inmunitario.
En menos de 48 horas tras iniciar el tratamiento, la fiebre y los ganglios inflamados desaparecieron. Sin embargo, el proceso de curación fue largo. La necrosis en el dedo no se resolvió completamente hasta el día 94. La paciente estuvo fuera del laboratorio por cuatro meses.

Por qué rechazar la vacuna puede costar caro
Antes del accidente, la científica había recibido asesoría sobre los riesgos de trabajar con VACV y fue invitada a vacunarse con ACAM2000. Pese a ello, decidió no hacerlo.
Durante la investigación posterior, confesó que no había comprendido bien la gravedad de una posible infección. Además, le preocupaban los efectos secundarios de la vacuna y el cuidado requerido en la zona de inoculación.
Sin embargo, los expertos destacan que el riesgo de una infección accidental puede ser mucho mayor. La vacunación previa puede atenuar los síntomas, reducir el tiempo de recuperación y evitar complicaciones como la necrosis severa que experimentó la paciente.
Lecciones para la bioseguridad en laboratorios
Este incidente puso en evidencia diversas fallas en los protocolos de bioseguridad. En primer lugar, la paciente no recibió orientación adecuada sobre las precauciones de contacto hasta diez días después del accidente.
Además, no se conocía con exactitud cuál era la cepa de VACV utilizada, ya que estaba trabajando con varias versiones modificadas. Algunas de estas tenían deleciones genéticas que, en teoría, debían hacerlas menos virulentas.
No obstante, los expertos advierten que incluso las cepas atenuadas pueden causar infecciones graves si entran al cuerpo por medios no convencionales. La ausencia de una dosis controlada y la falta de una ruta planificada pueden transformar un virus de investigación en una amenaza.
El rol de las autoridades sanitarias y la necesidad de prevención
De acuerdo con el informe del CDC, este caso subraya la necesidad urgente de educar a los profesionales sobre los peligros reales del VACV. Las decisiones sobre vacunarse o no deben basarse en una comprensión completa de los riesgos.
Las instituciones deben asegurarse de que el personal entienda la biología del virus con el que trabaja, incluyendo sus modificaciones genéticas. También deben garantizar que existan procedimientos claros para actuar ante exposiciones accidentales.
Asimismo, se recomienda tener en el laboratorio información visible sobre las cepas utilizadas, contar con desinfectantes apropiados y fortalecer los protocolos de bioseguridad y monitoreo.
Crean por primera vez arañas modificadas genéticamente que producen seda luminosa de color rojo.
Conclusión
Que una científica se inyecta un virus modificado genéticamente y desate una reacción inesperada puede parecer el argumento de una serie de ficción. Pero este caso fue real, documentado, y deja lecciones importantes para la ciencia y la salud pública.
El uso de virus como herramientas terapéuticas o experimentales trae enormes beneficios, pero también exige responsabilidad. Los accidentes de laboratorio pueden tener consecuencias serias, especialmente cuando se subestiman los riesgos o se descuidan las recomendaciones preventivas.
Whitehouse, E. R., Rao, A. K., Yu, Y. C., et al. (2019). Novel Treatment of a Vaccinia Virus Infection from an Occupational Needlestick — San Diego, California, 2019. Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR). DOI: 10.15585/mmwr.mm6842a2




