Durante años, la bacteria Helicobacter pylori ha sido señalada como la culpable de diversas enfermedades estomacales, desde gastritis crónica hasta cáncer gástrico. Sin embargo, una nueva línea de investigación podría cambiar nuestra percepción sobre ella.
Un reciente estudio publicado en Science Advances sugiere que una de sus principales toxinas, la proteína CagA, podría tener una función inesperadamente beneficiosa: prevenir la formación de agregados amiloides implicados en el Alzheimer.
Esta sorprendente conexión entre una infección bacteriana y una enfermedad neurodegenerativa abre nuevas puertas para entender y tal vez tratar el Alzheimer desde una perspectiva completamente distinta.
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Helicobacter pylori: mucho más que una bacteria estomacal
H. pylori es una bacteria en forma de espiral que vive en el estómago de aproximadamente la mitad de la población mundial. Aunque la mayoría de las personas infectadas nunca presenta síntomas, en ciertos casos puede provocar enfermedades graves como úlceras o incluso cáncer gástrico.
Uno de los factores que determina su potencial dañino es la presencia del gen cagA. Las cepas que lo contienen producen una proteína conocida como CagA, capaz de alterar el funcionamiento de las células del estómago mediante inyección directa a través de un sistema de secreción especializado.
Lo interesante es que no toda la CagA se introduce en las células. Parte de esta proteína queda libre en el entorno extracelular, e incluso ha sido detectada en la sangre de personas infectadas, lo que sugiere que puede tener efectos sistémicos en el cuerpo humano.
CagA: un inhibidor natural de amiloides
Según el estudio publicado en Science Advances, CagA no solo interviene en enfermedades estomacales. Los investigadores descubrieron que esta proteína actúa como un potente inhibidor de la formación de fibras amiloides, estructuras proteicas anormales implicadas en el Alzheimer, el Párkinson y la diabetes tipo 2.
La formación de estas fibras es un proceso complejo que comienza con la agregación de pequeños péptidos en formas intermedias solubles, que luego se convierten en fibrillas insolubles. CagA interrumpe este proceso en distintas etapas, dependiendo del tipo de proteína.
Por ejemplo, en el caso del péptido β-amiloide (Aβ), clave en el Alzheimer, CagA actúa bloqueando la nucleación primaria, es decir, el primer paso en la formación de fibrillas. Esto evita que las moléculas individuales se agrupen para formar agregados tóxicos.
Eficacia sorprendente a bajas concentraciones
Una de las características más impresionantes de la CagA es su eficacia: el estudio demostró que concentraciones nanomolares (extremadamente pequeñas) eran suficientes para inhibir la formación de fibrillas de Aβ y otras proteínas relacionadas con enfermedades neurodegenerativas.
Por ejemplo, al exponer 3 µM de Aβ42 a apenas 20 nM de CagA, el tiempo de formación de fibrillas se multiplicó casi por 10. Este efecto también se observó con Aβ40, tau, α-sinucleína y IAPP, todas proteínas implicadas en enfermedades graves como el Alzheimer, el Párkinson y la diabetes tipo 2.
Además, la CagA no actuó como una chaperona clásica (proteína que evita la agregación desordenada de otras), sino que mostró una acción específica contra los amiloides, lo que refuerza su potencial terapéutico.
El dominio responsable de esta acción
La proteína CagA está compuesta por varias regiones, pero el estudio identificó que el dominio II de su extremo N-terminal era el responsable directo de la inhibición de la formación amiloide.
Este dominio interactúa con regiones clave de las proteínas amiloides, como los terminales de la α-sinucleína o las áreas hidrofóbicas del Aβ42, interfiriendo con su capacidad de formar agregados tóxicos. De hecho, incluso el dominio aislado, sin el resto de la CagA, fue capaz de inhibir eficazmente la formación de amiloides.
Aunque su potencia disminuye ligeramente cuando se aísla del resto de la proteína, esto sugiere que podría ser sintetizado y utilizado como una herramienta terapéutica independiente en el futuro.
Un nuevo horizonte para combatir el Alzheimer
El Alzheimer sigue siendo una de las enfermedades más devastadoras del siglo XXI. Actualmente, la mayor parte de los tratamientos se enfocan en aliviar síntomas o retrasar la progresión, pero no existen curas definitivas. En este contexto, descubrir un inhibidor natural de la formación de amiloides es una oportunidad prometedora.
CagA podría representar una nueva vía de intervención, distinta a los anticuerpos monoclonales o las terapias génicas, aprovechando un producto natural de origen bacteriano. A diferencia de muchos tratamientos actuales, la CagA muestra eficacia a dosis muy bajas y una especificidad notable.
Esto podría reducir efectos secundarios y hacer viable su uso en tratamientos preventivos o en etapas tempranas de la enfermedad.
Conclusión
El hallazgo de que una proteína asociada a una bacteria patógena pueda tener efectos beneficiosos en enfermedades humanas es una muestra más de que la naturaleza rara vez es unidimensional. H. pylori puede ser peligrosa en ciertos contextos, pero también podría ofrecernos claves para resolver problemas complejos como el Alzheimer.
Tal como sucedió con la penicilina y otros descubrimientos fortuitos de la microbiología, es posible que esta “toxina” bacteriana se convierta en una herramienta terapéutica revolucionaria. Aún se necesita mucha investigación para traducir estos hallazgos en medicamentos, pero el camino ya está trazado.
Jin, Z., Olsen, W. P., Mörman, C., et al. (2025). Helicobacter pylori CagA protein is a potent and broad-spectrum amyloid inhibitor. Science Advances. DOI: 10.1126/sciadv.ads7525




