Por mucho tiempo, se ha creído que la genética determina cuánto tiempo viviremos y qué enfermedades podríamos desarrollar. Sin embargo, un estudio reciente publicado en Nature Medicine ha revelado que el ambiente en el que vivimos influye más en el envejecimiento y la mortalidad que nuestros propios genes.
Investigadores analizaron datos de casi medio millón de personas y encontraron que la contaminación, la alimentación, el estrés y otros factores ambientales tienen un impacto mucho mayor en la esperanza de vida que la predisposición genética. Esto significa que, aunque heredar ciertas enfermedades es un riesgo, nuestras decisiones diarias pueden marcar la diferencia entre una vida larga y saludable o una llena de problemas de salud.
La gran pregunta: ¿genética o ambiente?
Desde siempre, hemos escuchado que si nuestros padres o abuelos tuvieron ciertas enfermedades, es probable que nosotros también las padezcamos. Y aunque esto tiene algo de verdad, este estudio demuestra que hay otro factor mucho más poderoso en juego: el exposoma.
El exposoma es el conjunto de todos los factores ambientales a los que estamos expuestos a lo largo de la vida. Estos incluyen la contaminación del aire, la calidad de la dieta, el nivel de actividad física, el acceso a atención médica y el estrés. El estudio analizó cómo estos factores influyen en la esperanza de vida y el envejecimiento, comparándolos con la influencia de los genes.
Los resultados fueron impactantes: la genética casi no influye en cuánto tiempo vivimos (solo un 2 %), mientras que nuestro entorno y hábitos afectan mucho más (hasta un 17 %). Es decir, nuestra alimentación, el lugar donde vivimos y nuestro estilo de vida tienen un mayor impacto en nuestra esperanza de vida que los genes que heredamos.
Los 25 factores que más afectan el envejecimiento
Para entender mejor cómo el ambiente influye en nuestra salud, los científicos identificaron 25 factores ambientales que afectan el envejecimiento y la aparición de enfermedades. Estos son algunos de los más importantes:
- Contaminación del aire: Respirar aire contaminado acelera el envejecimiento celular y aumenta el riesgo de enfermedades pulmonares y cardiovasculares.
- Tabaquismo y alcohol: Ambos están relacionados con múltiples enfermedades y una menor esperanza de vida.
- Dieta pobre en nutrientes: Una alimentación basada en ultraprocesados y con poca variedad de frutas y verduras afecta el sistema inmunológico y favorece enfermedades crónicas.
- Falta de ejercicio: Un estilo de vida sedentario aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y problemas cardíacos.
- Mal sueño: No dormir bien acelera el envejecimiento y reduce la capacidad del cuerpo para repararse.
- Estrés y salud mental: El estrés crónico puede provocar inflamación y enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
¿Qué enfermedades dependen más del ambiente y cuáles de la genética?
El estudio reveló que algunas enfermedades están más influenciadas por la genética, mientras que otras dependen más del ambiente.
Enfermedades como la demencia y ciertos tipos de cáncer (mama, próstata y colon) tienen un componente genético más fuerte. En estos casos, la genética explicó entre el 10 % y el 26 % del riesgo de desarrollar estas enfermedades.
Sin embargo, cuando se trataba de enfermedades pulmonares, cardíacas y hepáticas, el ambiente tuvo un impacto mucho mayor. En estos casos, los factores ambientales explicaron hasta el 49 % de la variación en la mortalidad.
Esto significa que, aunque algunas personas puedan estar genéticamente predispuestas a ciertas enfermedades, los hábitos y el entorno en el que viven pueden marcar una diferencia clave en su salud y esperanza de vida.
¿Se puede revertir el daño ambiental en nuestro cuerpo?
Los investigadores concluyeron que, aunque no podemos cambiar nuestra genética, sí podemos modificar nuestro entorno y hábitos para vivir más y mejor. Aquí algunas recomendaciones clave para reducir el impacto del exposoma en la salud:
- Evitar la contaminación del aire: Si vives en una ciudad con alta contaminación, intenta usar purificadores de aire en casa y evita exponerte al humo del tabaco.
- Llevar una alimentación equilibrada: Comer más frutas, verduras, proteínas saludables y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados puede mejorar la salud en general.
- Hacer ejercicio regularmente: Actividades como caminar, nadar o andar en bicicleta pueden reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
- Dormir bien: Intentar mantener una rutina de sueño estable, evitando pantallas antes de dormir y creando un ambiente adecuado para el descanso.
- Reducir el estrés: Practicar meditación, yoga o cualquier otra técnica de relajación puede ayudar a mejorar la salud mental y física.
- Realizar chequeos médicos regulares: Detectar enfermedades a tiempo puede hacer una gran diferencia en el tratamiento y la calidad de vida.
Conclusión
Este estudio nos deja una enseñanza importante: aunque la genética juega un papel en la salud, nuestras elecciones diarias y el ambiente en el que vivimos son factores clave para determinar cuánto tiempo y con qué calidad de vida llegaremos a la vejez.
Adoptar hábitos saludables, reducir la exposición a factores de riesgo y mejorar nuestro entorno puede aumentar nuestras probabilidades de vivir más años y con mejor salud.
- Argentieri, M. A., et al. (2025). Integrating the environmental and genetic architectures of aging and mortality. Nature Medicine, 31(3), 1016-1025.
