Una mujer de 117 años ha dejado un legado único para la ciencia: su ADN. Este estudio, publicado en Cell Reports Medicine, analizó en detalle el genoma, epigenoma, metaboloma, proteoma y microbioma de la mujer más longeva registrada. Los resultados ofrecen pistas reveladoras sobre los secretos de una vida larga y saludable.
La investigación muestra que la longevidad extrema no está ligada únicamente a los años vividos, sino también a la capacidad del organismo para mantener funciones jóvenes en aspectos clave. Este caso demuestra que es posible alcanzar edades avanzadas sin padecer enfermedades típicas de la vejez.
Conocer qué hizo posible que esta mujer de 117 años mantuviera buena salud abre la puerta a nuevas estrategias para vivir más y mejor. El hallazgo no solo despierta curiosidad, sino que también plantea posibles avances en medicina preventiva y terapias antienvejecimiento.
Genética y longevidad excepcional
El estudio genético reveló variantes poco comunes que no se encuentran en la mayoría de la población europea. Estas mutaciones estaban relacionadas con la función inmune, la protección cardiovascular y la preservación cognitiva.
Entre los hallazgos más interesantes se encontraron genes vinculados a la reparación del ADN, la eficiencia mitocondrial y la regulación del sistema inmune. Este conjunto de variantes no actúa de manera aislada: en conjunto, parecen crear una red de protección frente a enfermedades frecuentes como el cáncer, la diabetes o el Alzheimer.
Un aspecto sorprendente fue que, a pesar de presentar telómeros extremadamente cortos, la mujer mantuvo una buena salud. Esto sugiere que, en su caso, el acortamiento de los telómeros funcionó más como un “reloj biológico” que como un factor de riesgo para enfermedades.
El sistema inmune como aliado
El análisis de sangre mostró la presencia de mutaciones asociadas al envejecimiento, conocidas como hematopoyesis clonal. Sin embargo, la mujer no desarrolló cáncer ni enfermedades cardiovasculares, lo que indica que otros mecanismos compensaron esos riesgos.
El sistema inmune de esta supercentenaria presentaba características únicas. A pesar de la edad, mantenía una población de células T y B con capacidad funcional, junto a un equilibrio que redujo la inflamación. En comparación con otras personas de su edad, sus defensas parecían comportarse de manera más joven.
Además, su metabolismo lipídico fue excepcional. Mostraba niveles muy bajos de colesterol dañino y triglicéridos, pero altos valores de colesterol “bueno”. Este perfil metabólico, asociado a un menor riesgo cardiovascular, probablemente fue clave en su longevidad.
Microbioma y juventud biológica
El microbioma intestinal de la mujer de 117 años reveló una composición parecida a la de personas mucho más jóvenes. Destacaba la abundancia de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium, que suelen disminuir con la edad.
Este equilibrio bacteriano está relacionado con una menor inflamación y una mejor regulación metabólica. Curiosamente, la mujer consumía a diario yogur con probióticos, lo que pudo haber favorecido este perfil intestinal saludable.
El análisis epigenético confirmó otra sorpresa: su edad biológica era mucho más baja que la cronológica. A través de los llamados “relojes epigenéticos”, los investigadores estimaron que sus células “se sentían” hasta 23 años más jóvenes.

Lecciones para la ciencia y la salud
El caso demuestra que la longevidad extrema es el resultado de una combinación entre genética favorable, hábitos de vida saludables y un organismo que logra mantener funciones jóvenes a nivel celular y molecular.
Aunque este estudio se centró en una sola mujer de 117 años, sus hallazgos ofrecen pistas sobre cómo desacoplar envejecimiento y enfermedad. Es decir, envejecer no tiene por qué ir siempre acompañado de deterioro y patologías graves.
Los científicos advierten, sin embargo, que se necesitan más estudios con grupos amplios para confirmar qué factores son realmente determinantes y cómo podrían aprovecharse en terapias futuras.
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Conclusión
El ADN de esta mujer de 117 años no solo reveló secretos de una vida larga, sino también de una vida saludable. Su caso muestra que es posible alcanzar edades extremas manteniendo una sorprendente calidad de vida. La ciencia ahora enfrenta el reto de trasladar estas enseñanzas a la población general para que más personas puedan beneficiarse de estos hallazgos.
Santos-Pujol, E., Noguera-Castells, A., et al. (2025). The multiomics blueprint of the individual with the most extreme lifespan. Cell Reports Medicine. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2025.102368
