Los golpes repetidos en la cabeza pueden dañar los vasos sanguíneos cerebrales. Su recuperación ayuda a mantener el suministro de oxígeno y nutrientes al cerebro.
Investigadores de la Universidad Médica de Carolina del Sur y colaboradores identificaron que el EPA, un ácido graso omega-3, puede interferir con esa reparación.
En experimentos con ratones y células humanas, este componente del aceite de pescado perjudicó la recuperación vascular bajo condiciones metabólicas relacionadas con las lesiones cerebrales.
El aceite de pescado tras golpes repetidos
El trabajo, publicado en Cell Reports, evaluó una dieta rica en grasas suplementada con aceite de pescado, que contenía dos tipos de omega-3, EPA y DHA.
Los ratones recibieron esa alimentación durante un día, seguido de dos días con una dieta de control. El ciclo comenzó un mes antes de las lesiones.
Después, los investigadores provocaron traumatismos craneales repetidos de muy baja intensidad y mantuvieron el régimen alimentario durante otros seis meses para evaluar sus efectos prolongados.
Al finalizar ese período, los animales lesionados que recibían aceite de pescado presentaron dificultades de aprendizaje espacial y alteraciones motoras ausentes en los controles lesionados.
También acumularon formas anormales de la proteína tau alrededor de los vasos cerebrales, junto con daños en las células que recubren su superficie interna.
Cómo el EPA dificulta la reparación vascular
El ácido eicosapentaenoico, conocido como EPA, se acumuló en el cerebro de los ratones suplementados sin lesiones. Después de los traumatismos, sus niveles disminuyeron considerablemente.
Ese descenso, pese a continuar la suplementación, sugirió que el cerebro movilizaba el EPA durante su respuesta a las lesiones. El DHA cerebral permaneció estable.
Para explorar ese mecanismo, el equipo cultivó células humanas del revestimiento vascular cerebral y modificó las condiciones para favorecer que utilizaran grasas como fuente energética.
En esas condiciones, el EPA redujo la formación de redes vasculares y retrasó el cierre de heridas celulares. También debilitó las uniones entre las células.
El DHA no produjo esos efectos en las mismas pruebas. Además, el EPA por sí solo no alteró la reparación en las condiciones habituales del cultivo.
Las conexiones encontradas en tejido cerebral humano
El equipo también examinó tejido cerebral de seis personas fallecidas con encefalopatía traumática crónica, una enfermedad neurodegenerativa vinculada con golpes repetidos en la cabeza.
Compararon esas muestras con las de seis personas sin enfermedades neurológicas. Encontraron alteraciones en el procesamiento de grasas y en mecanismos de mantenimiento vascular.
Los tejidos afectados mostraron acumulación de ácidos grasos, cambios en proteínas que mantienen unidos los vasos y depósitos anormales de tau alrededor de ellos.
Estas observaciones aportaron una conexión con la enfermedad humana, aunque no evaluaron los efectos de consumir suplementos en personas ni demostraron que estos causaran la enfermedad.
Los investigadores estudiarán cómo entra y se distribuye el EPA en el cerebro, especialmente mediante proteínas que transportan grasas durante la respuesta a una lesión.




