La infertilidad afecta a millones de personas en todo el mundo. Hasta hoy, la ausencia de óvulos funcionales ha sido una barrera imposible de superar. Pero un nuevo estudio, publicado en la revista Nature Communications, podría cambiar esa historia para siempre.
Un equipo de investigadores liderado por Nuria Martí Gutiérrez y Shoukhrat Mitalipov, reconocidos por sus trabajos en biología reproductiva, ha logrado algo que parecía sacado de la ciencia ficción: hacer que una célula humana común se comporte como un óvulo capaz de dividirse y generar vida en el laboratorio.
Este proceso experimental, llamado mitomeiosis, imita la forma en que los óvulos naturales reducen su carga genética para poder ser fecundados. Aunque aún está en una fase inicial, abre una puerta hacia nuevas terapias de fertilidad. Estas podrían ayudar a personas que hoy no pueden tener hijos biológicos.
La “mitomeiosis”: una nueva forma de crear vida en el laboratorio
El descubrimiento se basa en una técnica conocida como transferencia nuclear de células somáticas (SCNT, por sus siglas en inglés). En palabras simples, los científicos tomaron el núcleo de una célula de piel humana (que contiene el ADN de una persona). Luego, lo insertaron dentro de un óvulo humano al que previamente se le había retirado su propio núcleo.
Normalmente, este tipo de manipulación se usa para crear embriones clonados o para generar células madre. Pero en este caso, los investigadores fueron más allá. Forzaron a esa célula a dividirse como si estuviera en una etapa reproductiva, algo que nunca antes se había logrado en humanos.
A este proceso lo llamaron mitomeiosis, porque combina características de la mitosis (la división normal de las células del cuerpo) y de la meiosis (la división especial que da origen a los óvulos y espermatozoides).
El resultado fue sorprendente: las células lograron reducir su número de cromosomas a la mitad, tal como lo hace un óvulo natural antes de ser fecundado.
La clave: enseñar a una célula común a “olvidar” su pasado
Para entender la magnitud del avance hay que recordar que las células humanas normales tienen 46 cromosomas (dos copias de cada uno). Los óvulos y espermatozoides solo tienen 23, porque al unirse en la fecundación se completa el número original.
El desafío era conseguir que una célula “común”, como una célula de piel, aprendiera a dividir su material genético de forma controlada y ordenada. Todo esto sin causar errores fatales. Los científicos lograron esto manipulando el entorno del óvulo donado. Usaron una sustancia especial que inhibe ciertas proteínas del ciclo celular para activar una señal de división.
Así, la célula “reprogramada” empezó a comportarse como si fuera un óvulo maduro, segregando su ADN en dos partes: una que se conservaba como núcleo principal, y otra que se eliminaba en forma de “cuerpo polar”, tal como ocurre naturalmente durante la ovulación.
Resultados que marcan un antes y un después
En el estudio, los investigadores trabajaron con 270 óvulos humanos donados por mujeres jóvenes y sanas. Esto se hizo bajo consentimiento ético y con fines exclusivamente científicos. Tras aplicar la técnica de mitomeiosis, lograron que los óvulos reprogramados redujeran su carga genética hasta conservar en promedio 23 cromosomas, exactamente como los óvulos naturales.
Luego, los fertilizaron con espermatozoides humanos y observaron algo increíble: los embriones comenzaron a dividirse normalmente, mostrando signos de desarrollo temprano y combinando el ADN del esperma con el ADN reprogramado de la célula donante.
Esto demuestra que es posible crear embriones viables a partir de células somáticas humanas, al menos en un entorno de laboratorio. Aunque no se trata aún de crear bebés humanos, la técnica ofrece una esperanza real para millones de personas que no pueden producir óvulos funcionales. Incluye a mujeres con menopausia temprana o pacientes que perdieron su fertilidad por tratamientos médicos.
Conclusión
El logro de Nuria Martí Gutiérrez y su equipo no es solo un avance técnico. Es una muestra de hasta dónde puede llegar la ciencia cuando se une con la esperanza humana.
Por primera vez, los investigadores han demostrado que una célula del cuerpo puede aprender a comportarse como un óvulo. Así, lograron reducir su carga genética y dar origen a embriones en laboratorio.
Aunque todavía es un experimento, abre el camino hacia una nueva era de medicina reproductiva, donde la infertilidad podría dejar de ser una condena y convertirse en una condición tratable. La célula que aprendió a dividirse podría, en el futuro, devolver la posibilidad de crear vida a quienes la creían perdida.

Algo difícil de comentar, sobretodo con toda la carga de principios morales con los que hemos sido formados. Pero me pregunto si eso no puede terminar sumando el otro 50% actuales, de la venta de vientres huéspedes. Un anciano millonario podría comprar un vientre de hospedaje y comprar un esperma fabricado con células de su arrugada piel, por ejemplo.