Los bostezos forman parte de nuestra vida diaria y, aunque normalmente se asocian al cansancio o al aburrimiento, existe un aspecto particularmente fascinante: su contagiosidad. ¿A quién no le ha pasado ver o escuchar a alguien bostezar y repetir el gesto involuntariamente? Este fenómeno ha llamado la atención de la comunidad científica durante años.
Un estudio publicado en Current Biology analiza los procesos cerebrales que podrían explicar por qué bostezar es tan contagioso. Según los investigadores, dos factores clave están involucrados: la excitabilidad motora, que facilita la acción del bostezo, y la inhibición fisiológica, que regula cuándo se produce.
El bostezo contagioso y sus raíces neuronales
El bostezo contagioso ocurre cuando ver o escuchar a alguien bostezar provoca el mismo gesto en nosotros. Aunque se ha propuesto que la empatía y las neuronas espejo juegan un papel en este fenómeno, investigaciones recientes señalan que la activación cerebral, especialmente en áreas relacionadas con el control motor, es un factor clave en esta respuesta automática.
Excitabilidad cortical
En el estudio, se utilizó estimulación magnética transcraneal (TMS) para medir la excitabilidad de la corteza motora primaria en adultos sanos. Los resultados mostraron que las personas con umbrales de activación más bajos tendían a bostezar con mayor facilidad al ver a alguien más hacerlo. Esto sugiere que la actividad motora, más que la empatía, podría ser el principal factor que explica por qué algunas personas se “contagian” del bostezo con mayor frecuencia.
Inhibición fisiológica
La inhibición fisiológica, asociada a neurotransmisores como el GABA, también se vincula con el bostezo contagioso. Los participantes con mayor inhibición mostraron menos propensión a contagiarse. Por tanto, existiría un equilibrio entre excitabilidad e inhibición: cuando la corteza motora está muy activa y la inhibición es reducida, el estímulo del bostezo desencadena fácilmente la misma respuesta.
Resistir el impulso: ¿es posible?
Durante los experimentos, algunos participantes intentaban no bostezar tras ver videos de personas bostezando, mientras que otros podían hacerlo sin restricciones. Aunque en el grupo que debía reprimir el bostezo disminuyeron los bostezos completos, aumentaron los “bostezos reprimidos”.
Además, quienes intentaban resistir sintieron más urgencia de bostezar. Estos resultados sugieren que, aunque podemos cambiar la forma de manifestar un bostezo, el impulso subyacente persiste.
¿Empatía o activación cerebral?
Aunque se ha relacionado el bostezo contagioso con la empatía, el estudio en Current Biology revela que no existe una correlación sólida entre ambas variables. Más bien, la tendencia a imitar un bostezo ajeno se relaciona con la activación de la corteza motora y el nivel de inhibición interna. No se descarta una influencia de la empatía en contextos muy específicos, pero no parece ser el factor decisivo en la mayoría de los casos.
Aplicaciones prácticas y relevancia clínica
El contagio del bostezo ofrece pistas sobre cómo funciona la corteza motora y cómo se modulan los impulsos involuntarios. Comprender estos procesos podría arrojar luz sobre enfermedades o trastornos donde la imitación involuntaria o la inhibición de impulsos se ven alteradas, como el síndrome de Tourette o la epilepsia.
Además, la estimulación magnética transcraneal y posibles intervenciones farmacológicas podrían enfocarse en ajustar la excitabilidad cortical o la acción de neurotransmisores como el GABA para tratar movimientos involuntarios.
Conclusión
Los bostezos contagiosos van más allá de la mera imitación social. El presente estudio demuestra que la excitabilidad motora y la inhibición fisiológica desempeñan un papel crucial en la probabilidad de que nos contagiemos. Resistir este impulso es complicado: aunque puede modificarse la forma del bostezo, el deseo se mantiene latente.
Así, el bostezo contagioso constituye una ventana única hacia nuestra biología neural: revela la compleja interacción entre circuitos motores, factores inhibitorios y matices sociales. Sus implicancias científicas abarcan desde el esclarecimiento de trastornos neurológicos hasta la posibilidad de diseñar nuevas terapias que modulen la excitabilidad cerebral.
- Brown, B. J., Kim, S., Saunders, H., Bachmann, C., Et al. (2017). A neural basis for contagious yawning. Current Biology. DOI: 10.1016/j.cub.2017.07.062
