Cuando vemos plumas naranjas en algunas aves o el cabello rojizo en ciertas personas, solemos pensar que todo se reduce a estética o “azar genético”. Sin embargo, detrás de ese color hay un pigmento llamado feomelanina, y un estudio reciente propone una idea que cambia el enfoque: este pigmento no solo daría color, también podría cumplir una función biológica importante relacionada con el equilibrio interno de las células.
Durante años, ese mismo pigmento también ha estado bajo la lupa porque se relaciona con mayor vulnerabilidad de la piel y con un riesgo más alto de melanoma en ciertos casos; por eso surge la duda: si puede traer desventajas, ¿por qué la evolución lo conservó?
La respuesta que propone este estudio es que la feomelanina podría ayudar a las células a controlar el exceso de cisteína y así reducir efectos negativos cuando se acumula.
¿Qué es la feomelanina y por qué importa?
En términos simples, existen pigmentos que oscurecen (como los que producen tonos marrones o negros) y pigmentos que generan tonos rojizos o anaranjados. La feomelanina es uno de los responsables de esos colores cálidos.
Lo interesante es que la feomelanina se “construye” usando cisteína. Y aquí aparece un punto importante: la cisteína es necesaria para varias funciones del cuerpo, pero en exceso puede resultar problemática para las células. En biología, muchas cosas funcionan así: lo que es útil en una cantidad adecuada, puede convertirse en un problema cuando se acumula demasiado.
La idea central: convertir el exceso de cisteína en pigmento “inofensivo”
La propuesta del estudio es directa: si la cisteína se eleva más de lo normal, una forma de evitar que cause problemas sería usar parte de esa cisteína para fabricar feomelanina, “guardándola” dentro del pigmento.
Dicho de otra manera, la feomelanina podría actuar como una especie de “salida” para la cisteína sobrante.
Esta explicación resulta atractiva por dos razones:
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Da una posible utilidad biológica a un pigmento que, por otro lado, puede estar ligado a riesgos.
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Ayuda a entender por qué ciertos colores se mantienen en la naturaleza, incluso si no siempre parecen ventajosos.
El experimento: pinzones cebra como modelo
Para probar la idea, los investigadores usaron al pinzón cebra, un ave donde los machos tienen plumas con pigmentación relacionada con feomelanina, mientras que las hembras no presentan ese mismo patrón de pigmento.
El diseño del estudio se basó en dos acciones principales:
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Aumentar la cisteína en la dieta (para simular un escenario de “exceso”).
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Bloquear o reducir la producción de feomelanina mediante una intervención que actúa sobre una ruta biológica relacionada con el receptor MC1R (una pieza importante en cómo se regula la pigmentación).
En los machos, cuando se combinó cisteína extra con el bloqueo de la feomelanina, se observó un aumento en señales asociadas a daño oxidativo a nivel sistémico (es decir, en el organismo). En cambio, las hembras no mostraron el mismo efecto por el bloqueo del pigmento, pero sí tendieron a verse afectadas cuando solo se les dio cisteína extra.
¿Qué significa esto para la salud y para la evolución?
Este tipo de hallazgos no significa que el pigmento sea “bueno” o “malo” en términos absolutos. Lo que sugiere es algo más realista: un mismo rasgo puede tener costos y beneficios, dependiendo del contexto.
En salud, el estudio plantea una idea interesante: si la cisteína (por dieta o por cómo funciona el cuerpo) afecta el equilibrio de las células con pigmento, podríamos entender mejor por qué algunos perfiles ligados a la feomelanina se asocian a riesgos en ciertos casos.
En evolución, el mensaje es claro: este rasgo pudo mantenerse porque, aunque tenga desventajas, también podría aportar una función útil en determinadas condiciones. Así, los colores en los animales no serían solo “belleza o camuflaje”, sino también parte de su fisiología.
Conclusión
El color naranja de algunas plumas y el cabello pelirrojo podrían esconder una historia más profunda que la apariencia. Este estudio sugiere que la feomelanina no solo colorea: también podría ayudar al cuerpo a evitar problemas cuando la cisteína se acumula demasiado, al “convertir” parte de ese exceso en pigmento. Aún queda camino por recorrer, pero la idea ofrece una explicación coherente de por qué la evolución no eliminó por completo un rasgo que, en ciertos contextos, puede asociarse a riesgos.
