Caminar sin dolor es algo que damos por sentado, hasta que una punzada en el talón nos obliga a parar. El espolón calcáneo es una de esas condiciones que parecen insignificantes en una radiografía, pero que pueden convertir cada paso en un desafío. Esta afección, aunque común, está rodeada de mitos, diagnósticos erróneos y tratamientos ineficaces.
Frecuentemente confundido con otras causas de dolor en el talón, el espolón calcáneo es en realidad una manifestación ósea secundaria a un proceso más profundo, generalmente relacionado con la fascia plantar. Comprender su origen, evolución y opciones terapéuticas permite abordarlo de forma más efectiva y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
¿Qué es el espolón calcáneo y por qué se forma?
El espolón calcáneo es una proyección ósea que se forma en el hueso del talón (calcáneo), especialmente en el punto donde se inserta la fascia plantar. Aunque muchas veces es asintomático, en otros casos produce dolor incapacitante conocido como talalgia.
Esta formación ocurre por una respuesta del cuerpo al estrés mecánico crónico. Existen dos teorías principales que explican su aparición: la tracción repetida de la fascia plantar que causa inflamación y calcificación (entesitis), y la compresión vertical constante sobre el talón, que genera microfracturas y promueve la osificación como mecanismo de defensa (Velagala et al., 2022).
Factores como el sobrepeso, la edad avanzada, el pie plano, el uso de calzado inadecuado o la permanencia prolongada de pie aumentan el riesgo. Estudios recientes han confirmado que las personas con fasciopatía plantar presentan una mayor incidencia de espolones, especialmente cuando se combina con engrosamiento de la fascia plantar (Menz et al., 2019).
Espolón calcáneo y fascitis plantar: una relación compleja
Aunque muchas veces se presentan juntos, el espolón calcáneo y la fascitis plantar no siempre coexisten. La fascitis plantar es una inflamación degenerativa de la fascia que puede o no estar acompañada de un espolón. Sin embargo, cuando ambos aparecen, el dolor tiende a ser más severo y persistente.
Según un estudio publicado en Rheumatology, el 22% de las personas con dolor plantar reportaron coexistencia de espolón y engrosamiento de la fascia, lo que duplicó las probabilidades de dolor intenso en el talón respecto a quienes no tenían estas alteraciones. Sin embargo, la sensibilidad al tacto no se correlacionó directamente con la presencia del espolón, lo que sugiere que el origen del dolor es multifactorial.
Diagnóstico: más allá de la radiografía
El diagnóstico del espolón calcáneo suele iniciarse con una radiografía lateral del pie, donde se observa una proyección ósea en la parte inferior del calcáneo. Sin embargo, la presencia del espolón no siempre implica dolor. De hecho, muchas personas lo tienen sin presentar síntomas.
Por ello, se recomienda complementar la evaluación con ecografía para medir el grosor de la fascia plantar, y pruebas funcionales que permitan evaluar el impacto clínico. El dolor característico suele empeorar por las mañanas o tras largos periodos de reposo, y mejora al caminar. La palpación del borde medial del talón suele desencadenar el dolor característico (Sajja et al., 2023).
Tratamientos convencionales y nuevas alternativas
El tratamiento del espolón calcáneo comienza generalmente con medidas conservadoras. Entre ellas destacan el uso de plantillas ortopédicas, ejercicios de estiramiento de la fascia plantar y del tendón de Aquiles, antiinflamatorios no esteroides (AINEs), y fisioterapia.
En casos más severos, se han implementado terapias como las ondas de choque extracorpóreas (ESWT) y la radiofrecuencia térmica o pulsada. Un estudio reciente mostró que tanto ESWT como RFA reducen significativamente el dolor y la discapacidad, aunque la RFA tuvo mejores resultados para limitar la restricción funcional.
Por otra parte, la radioterapia de baja dosis ha emergido como una opción interesante. Estudios clínicos han reportado tasas de alivio del dolor entre 65% y 90%, utilizando dosis entre 3 y 6 Gy fraccionadas en sesiones semanales. Aunque el mecanismo no está completamente dilucidado, se ha observado reducción de citoquinas proinflamatorias y de la adhesión leucocitaria en modelos experimentales (Holtmann et al., 2015).
En casos extremos y resistentes, puede considerarse la cirugía, que consiste en la liberación de la fascia plantar o la resección del espolón. Sin embargo, las tasas de recurrencia y complicaciones biomecánicas limitan su indicación solo a situaciones muy selectas.
Factores de riesgo: más allá del calzado
El desarrollo del espolón calcáneo está influenciado por diversos factores. La edad avanzada, el sobrepeso, el pie plano o cavo, y las actividades de alto impacto como correr, incrementan la probabilidad de desarrollar esta afección. Estudios han demostrado una mayor incidencia en mujeres mayores de 50 años y en personas con índice de masa corporal elevado.
También se ha asociado con enfermedades como gota, artritis reumatoide y espondiloartropatías. En estos casos, la inflamación crónica y la hipoxia de los tejidos contribuyen a la calcificación y formación del espolón (Velagala et al., 2022).
Por tanto, no basta con cambiar de calzado. Un enfoque integral que aborde el peso corporal, la salud articular, y la postura del pie es fundamental para prevenir y tratar esta dolencia.
Creíamos conocer todo el cuerpo humano, pero descubren un nuevo órgano jamás identificado.
Conclusión
El espolón calcáneo es mucho más que un simple “piquito de hueso” en el talón. Es el resultado de procesos biomecánicos e inflamatorios que pueden alterar profundamente la calidad de vida. Aunque el dolor suele atribuirse al espolón, la ciencia ha demostrado que es la interacción con la fascitis plantar y otras condiciones lo que realmente genera el cuadro doloroso.
Gracias a investigaciones recientes, contamos hoy con una amplia gama de opciones terapéuticas que van desde medidas conservadoras hasta tratamientos avanzados como radiofrecuencia o radioterapia. Identificar el origen multifactorial del dolor y aplicar un enfoque personalizado es clave para devolver la movilidad y el bienestar a quienes caminan cada día con un hueso que punza desde dentro.
- Holtmann, H., Niewald, M. et al. (2015). Randomized multicenter follow-up trial on the effect of radiotherapy for plantar fasciitis (painful heel spur) depending on dose and fractionation. Radiation Oncology. DOI: 10.1186/s13014-015-0327-6
- Menz, H. B., Thomas, M. J. et al. (2019). Coexistence of plantar calcaneal spurs and plantar fascial thickening in individuals with plantar heel pain. Rheumatology. DOI: 10.1093/rheumatology/key266
- Tas, N. P., & Kaya, O. (2023). Treatment of plantar fasciitis in patients with calcaneal spurs: Radiofrequency thermal ablation or extracorporeal shock wave therapy? Journal of Clinical Medicine. DOI: 10.3390/jcm12206503
- Velagala, V. R., Velagala, N. R., Kumar, T., Singh, A., & Mehendale, A. M. (2022). Calcaneal spurs: A potentially debilitating disorder. Cureus. DOI: 10.7759/cureus.28497
- Sajja, S., Elahi, N., & Ganti, L. (2023). Plantar fasciitis with a calcaneal spur. Cureus. DOI: 10.7759/cureus.51242
