Tras la pandemia de COVID-19, millones de personas en el mundo viven con un daño invisible: han perdido parcial o totalmente el sentido del olfato sin darse cuenta. Según un amplio estudio publicado en JAMA Network Open, esta alteración afecta incluso a quienes creen haber recuperado la normalidad.
Durante los primeros meses de la pandemia, la pérdida de olfato fue uno de los síntomas más reconocibles del SARS-CoV-2. Pero los investigadores descubrieron que muchos pacientes no perciben la magnitud de su déficit olfativo, lo que significa que la disfunción puede pasar desapercibida durante años.
El olfato, además de permitirnos disfrutar de la comida o las fragancias, es crucial para detectar peligros y mantener el bienestar emocional. Estos hallazgos confirman que las secuelas del COVID en el olfato persisten a largo plazo.
- Leer más: Mujer con “superolfato” puede oler el Parkinson… y su habilidad está revolucionando la medicina.
La pérdida silenciosa del olfato
El estudio de Horwitz y colegas, parte del proyecto RECOVER del Instituto Nacional de Salud de EE. UU., analizó a 3525 adultos, de los cuales casi 3000 habían tenido COVID-19. Los investigadores utilizaron la prueba estandarizada University of Pennsylvania Smell Identification Test (UPSIT) para evaluar la capacidad olfativa.
Los resultados fueron sorprendentes: el 66% de los infectados que no reportaron cambios en su olfato presentaban hiposmia, reducción en la capacidad para detectar olores. Entre quienes sí reconocieron una alteración, casi el 80% obtuvieron resultados anormales. Es decir, millones de personas podrían haber perdido parte del olfato sin notarlo.
El estudio también observó diferencias según la edad y el sexo: las mujeres jóvenes mostraron un rendimiento olfativo más bajo que el esperado, lo que sugiere que la recuperación podría ser más lenta en ciertos grupos.
Efectos neurológicos y olfativos del COVID-19
Más allá del sentido del olfato, los investigadores encontraron una conexión intrigante entre la pérdida de olfato post COVID y problemas cognitivos, como dificultades de concentración o lo que muchos llaman “niebla mental”. Entre quienes reportaron pérdida de olfato, dos tercios también manifestaron problemas de memoria o atención.
Esta asociación no es casual. El bulbo olfatorio y las regiones cerebrales responsables del olfato están estrechamente vinculados con áreas del cerebro que gestionan la memoria y las emociones. Daños en estas zonas podrían explicar por qué algunos pacientes experimentan deterioro cognitivo tras la infección.
Según el estudio, las imágenes cerebrales previas ya mostraban reducción del tejido en la corteza olfatoria y otras áreas relacionadas con la toma de decisiones y la memoria. Esto refuerza la idea de que el virus podría haber dejado huellas neuronales persistentes.
Terapias para recuperar el olfato
Aunque la situación puede parecer preocupante, existen terapias prometedoras para tratar la pérdida de olfato post COVID. El entrenamiento olfativo, que consiste en oler de forma repetida sustancias como limón, eucalipto, clavo o rosa, ha demostrado mejorar la sensibilidad olfativa en algunos pacientes. Esta práctica estimula las neuronas olfativas y favorece la regeneración de las conexiones cerebrales.
Otros tratamientos en estudio incluyen el uso de plasma rico en plaquetas, administrado en la cavidad nasal, que podría acelerar la regeneración de las células sensoriales. También se investiga el papel de suplementos como la vitamina A o el citrato de sodio, con resultados preliminares alentadores.
Los expertos subrayan que el reconocimiento temprano del problema es esencial. Muchas personas no buscan ayuda porque asumen que su olfato está intacto. Por eso, los autores del estudio recomiendan realizar pruebas olfativas después del COVID-19, incluso si el paciente no nota pérdida.
El olfato influye en la alimentación, la seguridad y las emociones. Perderlo, aunque sea parcialmente, puede reducir el disfrute de la vida y afectar la salud mental. Identificar la pérdida de olfato post COVID no solo permite ofrecer tratamiento, sino también prevenir riesgos como intoxicaciones alimentarias o accidentes domésticos.
Conclusión
El estudio nos demuestra que la pérdida de olfato post COVID es mucho más común y persistente de lo que se creía. Incluso quienes no notan cambios pueden presentar un deterioro significativo en su capacidad olfativa.
Dado su vínculo con la cognición, estos hallazgos subrayan la necesidad de incluir pruebas de olfato en la atención post-COVID y promover el entrenamiento olfativo como herramienta de recuperación.

tengo 70 años, siempre fui alérgico a los olores fuertes, después del covid, deje de sentir cierto olores que me causaban alergias, empezaba a estornudar o con irritación en la garganta, ahora no siento los olores pero el efecto del químico, me causa estornudos e irritación en la garganta.