El cáncer de estómago, también conocido como cáncer gástrico, es una de las principales causas de mortalidad por cáncer en el mundo. Una de las bacterias más asociadas con el desarrollo de esta enfermedad es Helicobacter pylori (H. pylori), un microorganismo que coloniza el estómago de aproximadamente la mitad de la población mundial.
Comprender cómo se transmite esta bacteria es clave para prevenir y controlar el riesgo de padecer trastornos gástricos y, potencialmente, el cáncer de estómago. Este artículo explora las principales vías de transmisión de H. pylori y destaca la relevancia de la higiene y otras medidas preventivas para reducir su propagación.
¿Qué es H. pylori?
pylori es una bacteria de forma espiral que logra sobrevivir en el ambiente altamente ácido del estómago gracias a la producción de ureasa, una enzima que le permite neutralizar el pH circundante. Este patógeno se ha asociado con diversas enfermedades gástricas, incluyendo gastritis crónica, úlceras pépticas y, en última instancia, cáncer de estómago.
Aunque no todas las personas infectadas desarrollan complicaciones graves, la presencia de H. pylori sigue siendo un factor de riesgo importante para la salud gastrointestinal.
Importancia de la transmisión de H. pylori
La transmisión de H. pylori es un tema de gran interés porque la infección, una vez establecida, tiende a persistir sin tratamiento específico. Esto ocasiona un estado de inflamación crónica que puede evolucionar a condiciones más graves, como atrofia gástrica, metaplasia intestinal y, eventualmente, cáncer.
Por ello, conocer las rutas de contagio puede ayudar a la comunidad médica y al público en general a implementar estrategias de prevención efectivas y frenar la diseminación de la bacteria.
Principales vías de transmisión
La evidencia científica sugiere que el contacto estrecho entre individuos infectados y sanos es una de las rutas más comunes de propagación de H. pylori. Este contagio puede darse principalmente de dos maneras:
Transmisión fecal-oral
Se produce cuando las heces de una persona infectada contaminan el agua o los alimentos que posteriormente son ingeridos por otra persona. En lugares con condiciones sanitarias deficientes, la bacteria puede sobrevivir más fácilmente en el ambiente y aumentar la tasa de infección.
Transmisión oral-oral
Los investigadores señalan que la bacteria puede encontrarse en la saliva o en la placa dental, lo que facilita su propagación a través de besos o el uso compartido de utensilios, vasos o botellas.
En contextos familiares, el contagio entre padres e hijos resulta frecuente, ya que las rutinas de alimentación y el contacto diario propician la transmisión. El hacinamiento y la falta de higiene personal y doméstica también aumentan la probabilidad de contagio de H. pylori.
Transmisión a través de alimentos
Además del contacto directo entre individuos, estudios señalan que el agua y los alimentos pueden actuar como vehículos de transmisión de H. pylori. En zonas con redes de abastecimiento de agua inadecuadas, la bacteria puede sobrevivir en estado latente y contaminar verduras, frutas o cualquier producto que haya estado en contacto con el agua. Para prevenir esta vía de transmisión:
- Utilice agua potable o hervida para beber y cocinar.
- Lave minuciosamente las frutas y verduras con agua segura.
- Evite el consumo de alimentos crudos o mal cocinados en áreas de dudosa salubridad.
Estas prácticas son básicas para la prevención no solo de H. pylori, sino también de otras enfermedades gastrointestinales vinculadas a patógenos transmitidos por alimentos.
Factores de riesgo asociados
La prevalencia de H. pylori es mayor en países en desarrollo o en zonas con escasas condiciones higiénico-sanitarias. El nivel socioeconómico influye en la calidad del agua, en las prácticas de higiene, en la disponibilidad de espacios amplios para vivir y en el acceso a servicios de salud. Algunas costumbres culturales, como compartir platos, bebidas o utensilios, también pueden incrementar el riesgo de contagio.
Reinfecciones y recaídas
Aunque la reinfección por H. pylori es poco frecuente en áreas con buen nivel socioeconómico, puede suceder cuando la persona vuelve a estar en contacto con familiares o entornos contaminados.
Muchas veces, lo que se considera una “reinfección” puede ser en realidad la persistencia de la misma cepa, debido a un tratamiento incompleto o ineficaz. Esto refuerza la idea de la importancia del diagnóstico y tratamiento adecuados para garantizar la erradicación de la bacteria.
Factores en el desarrollo del cáncer gástrico
La presencia de H. pylori es un factor clave que desencadena inflamación crónica en la mucosa gástrica. Estudios recientes señalan que esta bacteria, junto con otros microorganismos, altera la microbiota del estómago y favorece un ambiente propicio para la carcinogénesis. Entre los mecanismos involucrados destacan:
- Producción de toxinas: Como la proteína CagA, que puede modular vías de señalización celular e inducir daño en el epitelio del estómago.
- Generación de radicales libres: La respuesta inflamatoria produce especies reactivas de oxígeno (ROS), que pueden dañar el ADN celular.
- Alteraciones epigenéticas: Las infecciones prolongadas pueden desencadenar cambios en la expresión de genes supresores de tumores y promotores de proliferación.
Es importante destacar que la infección por H. pylori por sí sola no garantiza el desarrollo de cáncer de estómago, pero sí aumenta significativamente el riesgo. Factores genéticos, dieta, tabaquismo, consumo excesivo de sal y otros aspectos del estilo de vida también desempeñan un papel determinante.
Medidas de prevención
Higiene personal y del hogar: Lavarse las manos después de ir al baño y antes de cocinar o comer. Mantener la limpieza de utensilios de cocina y superficies.
Consumo de agua segura: Hervir el agua o utilizar métodos de filtración en zonas con problemas de saneamiento.
Evitar compartir utensilios: Reducir el uso compartido de cubiertos, vasos o botellas, especialmente con personas que presenten síntomas gastrointestinales.
Control médico oportuno: En caso de presentar síntomas digestivos recurrentes (dolor abdominal, náuseas, reflujo, entre otros), es recomendable acudir a un especialista para realizar pruebas diagnósticas.
Tratamiento adecuado: Si se confirma la infección por H. pylori, seguir las indicaciones médicas sobre el tratamiento antibiótico hasta concluirlo en su totalidad, evitando automedicarse.
Diagnóstico y erradicación
El diagnóstico de la infección por H. pylori puede realizarse mediante distintas pruebas: test de aliento con urea marcada, endoscopia con biopsia o test de antígenos en heces.
Una vez confirmada la infección, el tratamiento más común incluye la administración combinada de antibióticos e inhibidores de la bomba de protones para reducir la acidez estomacal. Esta terapia combinada suele durar entre 10 y 14 días, aunque la duración exacta y el tipo de antibióticos pueden variar según la región y la resistencia bacteriana.
La erradicación efectiva no solo ayuda a prevenir complicaciones, sino que también reduce la posibilidad de contagio a otros miembros de la familia o de la comunidad. No obstante, algunas cepas de H. pylori se han vuelto resistentes a ciertos antibióticos, lo cual enfatiza la necesidad de pruebas de sensibilidad y tratamientos dirigidos.
En conclusión
La transmisión de H. pylori, la bacteria asociada al cáncer de estómago, sigue siendo un desafío de salud pública, especialmente en países con menores recursos y deficiencias sanitarias. Conocer las principales vías de contagio —entre ellas la fecal-oral, la oral-oral y a través de agua y alimentos contaminados— es esencial para implementar medidas de prevención y control más efectivas.
La higiene personal, la mejora de las condiciones sanitarias y la búsqueda de atención médica oportuna son pasos fundamentales para reducir la prevalencia de esta infección y, por ende, el riesgo asociado de desarrollar cáncer gástrico. La detección temprana y el tratamiento eficaz pueden disminuir considerablemente las complicaciones a largo plazo, incluyendo la progresión a estadios cancerígenos.
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