Acantosis nigricans, síntomas de enfermedades graves.

La acantosis nigricans o pigmentaria es una condición de la piel en la que se observa una hiperpigmentación simétrica con textura aterciopelada de los pliegues de la piel, sobre todo en las axilas, ingle o el cuello.

Puede estar en un contexto benigno (asociada a la obesidad y, sobre todo, a la diabetes) o maligno (en el que constituye un síndrome paraneoplásico).

En raras ocasiones, la acantosis pigmentaria puede ser un signo de advertencia de un tumor canceroso en un órgano interno, como el estómago o el hígado.

El desencadenante más frecuente de la acantosis nigricans es el exceso de insulina en el torrente sanguíneo.

La mayor parte de los casos son inevitables, otras veces se relacionan con la toma de medicamentos como niacina, anticonceptivos o prednisona, y evitar su uso libra de la enfermedad.

Otras veces surgen en personas que tienen quistes ováricos, o insuficiente producción de hormona tiroidea. También se ve asociada a la aparición de un tumor en órganos internos.

Y en un pequeño grupo son hereditarios. Su aparición también se ve favorecida por la ganancia de peso, coincide con la obesidad.

Acantosis nigricans o pigmentaria
Esta imagen nos muestra lesiones hiperpigmentadas en las axilas, la parte posterior del cuello y el dorso de las manos.

Causas de acantosis nigricans

La acantosis nigricans presenta un engrosamiento papilomatoso con pigmentación simétrica de la piel que puede ir de color café a grisáceo-negruzco, en los pliegues de las articulaciones, incluso del pliegue postero-lateral del cuello, las axilas, la ingle, el abdominal, el dorso de los dedos y la boca.

El área afectada luce “sucia” y aterciopelada. En algunas ocasiones, puede comprometer la mucosa oral, esofágica, faríngea, laríngea, conjuntival y ano-genital.

Se clasifica en cinco tipos: asociado a obesidad, de síndromes o endocrina, genética, paraneoplásica o inducida por medicamentos. Su prevalencia varía según la raza, con una incidencia de 13% en negros, de 5% en hispanos y menor de 1% en blancos no hispanos.

No hay diferencias en cuanto a sexo o edad. Tiene una prevalencia de 66% en adolescentes con más de 200% de su peso corporal ideal. La asociación con procesos malignos ha sido baja; un estudio de 12.000 pacientes reveló que sólo 2 la presentaban.

En cuanto a su etiopatogenia, la mayoría de los casos es de causa idiopática y están relacionados con la obesidad.

Se postula que en los estados de resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia, la acantosis nigricans se produce por excesiva unión de la insulina con el factor de crecimiento similar a la insulina (Insulin-like Growth Factor 1, IGF-1), que ocasiona proliferación de queratinocitos y fibroblastos, lo cual da lugar a la acantosis nigricans.

Cuando la acantosis nigricans se relaciona con alguna endocrinopatía, se conforma el síndrome de acantosis nigricans de tipo A, en la que hay disfunción del receptor de la insulina y está asociado a la obesidad o al síndrome de ovario poliquístico; en este caso en particular, el lugar principal de hiperpigmentación es la vulva.

El tipo B, en el cual se encuentran anticuerpos contra los receptores de la insulina, está asociada a enfermedades autoinmunitarias, como lupus eritematoso sistémico, esclerodermia, síndrome de Sjögren o tiroiditis de Hashimoto.

Se han descrito casos de acantosis nigricans de tipo autosómico dominante, en el que no está relacionada con obesidad, endocrinopatías ni anormalidades congénitas; se puede presentar desde el nacimiento o la niñez, aunque es más común su aparición en la pubertad.

Algunos medicamentos pueden desarrollar acantosis nigricans, incluidos los corticoides sistémicos, el ácido nicotínico y los estrógenos, como el dietilestilbestrol. La acantosis nigricans asociada a procesos malignos fue reportada por Sigmund Pollitzer y Viktor Janovsky, en 1890.

Tratamiento.

En general, debe ir dirigido a la causa identificable. No hay estudios apropiados sobre el manejo de la acantosis nigricans; algunos reportes de casos han tenido resultados favorables con la administración de retinoides tópicos, orales, calcipotriol y láser.

También se ha visto mejoría con la disminución del peso en algunos pacientes obesos. Los medicamentos que mejoran la sensibilidad a la insulina, teóricamente podrían tener algún efecto.

La suspensión del medicamento causante, generalmente, mejora la acantosis nigricans. En los pacientes en quienes se encuentra asociado a un proceso maligno, usualmente mejoran con el tratamiento de base.

Llevar una dieta saludable y hacer ejercicio físico con regularidad te puede ayudar a bajar la concentración de insulina en sangre y a mejorar el aspecto de tu piel.

Referencias
1. David Araújo-Vilar, Jesús Barreiro, Sofía Sánchez-Iglesias y Cristina Guillín-Amarelle. «Acantosis nigricans en los síndromes de resistencia grave a la insulina» Anales de Pediatría,15 de febrero de 2016.
2. González, Liliana, and Elkin Peñaranda. «Acantosis nigricans: dos presentaciones de una misma enfermedad.» Revista de la Asociación Colombiana de Dermatología y Cirugía Dermatológica, 30 de octubre de 2010.
3. Díaz, Fernando Muñoz, et al. «Acantosis nigricans como manifestación inicial paraneoplásica de adenocarcinoma gástrico». Gastroenterología y hepatología 30.1 (2007).

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